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CREO SER UN BUEN
CIUDADANO
Sin embargo, no controlo mi lengua
Así como una diminuta llama provoca lo más voraces incendios, el pequeño órgano llamado lengua puede causar los más terribles problemas. Esa fue la atinada conclusión a la que llegó Santiago. El escritor bíblico ilustró bastante bien la delicada función de la lengua, al compararla con un timón. Ambos son pequeños y casi inadvertidos, pero controlan grandes cuerpos, e incluso sus destinos. Espetar insultos, gritar vulgaridades y pronunciar groserías, son las más típicas insensateces en las que suele incurrir la lengua. Y es verdad... Cuántas personas no caen en estos errores, que luego se traducen en conflictos difíciles de solucionar. Por eso es preferible que en los momentos de enojo, se le quite toda oportunidad a la lengua de empeorar las cosas. En esas situaciones es mejor quedarse callado, porque la lengua es especialista en engrandecer los conflictos. Sin embargo, lo más importante es que con la lengua también se pueden reivindicar los errores cometidos. Es decir, se puede pedir disculpas, cuando se ha pronunciado alguna torpeza.
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