Crimen de estadounidenses coloca a las FARC en difícil encrucijada

Bogotá
AFP

La aceptación de la responsabilidad en el secuestro y asesinato de tres estadounidenses, puso a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxista) en una difícil situación, al afectar su interés de obtener reconocimiento internacional y complicar el ambiente para el proceso de paz que adelanta con el gobierno.

El comunicado en que las FARC reconocieron que uno de sus frentes cometió, en forma inconsulta, el triple ajusticiamiento de los activistas estadounidenses que trabajaban con la comunidad indígena U'wa, al este de Colombia, fue leído por Raúl Reyes, vocero internacional y uno de los siete miembros del secretariado (mando central) de la organización.

Ante los corresponsales de prensa, desde un área de distensión que desde noviembre les facilita el gobierno colombiano, Reyes admitió que el "comandante Gildardo" fue el responsable del secuestro el pasado 25 de febrero y asesinato, diez días después, de Terence Freitas, de 24 años, Laheenae Gay, 39, e Ingrid Washinawatock, de 41.

Aunque el comunicado estaba firmado por Jorge Briceño (Mono Jojoy), jefe militar de las FARC, el hecho de que fuera escogido Reyes para leerlo no pareció corresponder a una mera casualidad.

Reyes se reunió en diciembre pasado en Costa Rica con un representante del departamento de Estado norteamericano, en una inusual cita propiciada por el gobierno colombiano.

En el encuentro, las FARC pretendieron aclarar su posición en torno al narcotráfico, tema que tradicionalmente causa inquietud en Washington, pues la mayor parte de la cocaína que produce Colombia -primer proveedor mundial del alcaloide- proviene de zonas de alta influencia rebelde.

La reunión de Costa Rica significó un paso adelante en la búsqueda de reconocimiento internacional por parte las FARC, que, en este mismo sentido, antes habían sostenido contactos con gobiernos latinoamericanos y europeos.

Ahora, con el asesinato de los tres estadounidenses, "sin duda le metieron dinamita a la relativa credibilidad que habían alcanzado en el escenario internacional", comentó el analista Luis Cañón, en una columna editorial en el influyente diario El Espectador.

Otros analistas, como el ex ministro del Interior Jaime Castro, del opositor partido Liberal, consideran que el crimen deja muy maltrecha la posición de las FARC de cara al proceso de paz, que se intenta desde el año pasado.

Hasta ahora, las FARC "imponían en tiempo y el ritmo" de las conversaciones que permanecen suspendidas desde fines de enero pasado- con el gobierno del presidente conservador Andrés Pastrana, señaló Castro.

En efecto la principal guerrilla colombiana logró que el gobierno les concediera una zona de 42.000 km2 de selva en el sur del país, que deber servir como zona de distensión para los diálogos.

El ministro de Defensa Rodrigo Lloreda comentó que si bien el gobierno no cree que el asesinato de los estadounidenses pueda provocar una ruptura definitiva del proceso, si lo afectara.

Lloreda expresó en particular sus dudas sobre la versión de las FARC que responsabiliza a un mando medio por el crimen, y dijo que es posible que tras esa inculpación se pretenda minimizar la responsabilidad de otros mandos.

Otras versiones periodísticas señalan que la versión de las FARC se podría venir al piso, si el departamento de Estado o el gobierno colombiano revelan las pruebas que dicen tener y que señalarían a Germán Briceño, hermano del "Mono Jojoy", como el autor intelectual del crimen.

De comprobarse esta hipótesis, las FARC verían disminuida su credibilidad de cara al proceso de negociaciones, señaló el ex asesor de seguridad del gobierno, Alfredo Rangel.

"En todo caso nosotros creemos que pese a estas dificultades hay que seguir trabajando en la reconciliación entre los colombianos", indicó a la prensa el comisionado Ricardo.

 

 

 

 

 




 

El comunicado en que las FARC reconocieron que uno de sus frentes cometió, en forma inconsulta, el triple ajusticiamiento de los activistas estadounidenses que trabajaban con la comunidad indígena U'wa, al este de Colombia, fue leído por Raúl Reyes, vocero internacional y uno de los siete miembros del secretariado (mando central) de la organización.

 

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