La política panameña se asemeja a las formas, colores y sabores de las frutas tropicales. Es toda una sorpresa, porque los políticos nos sorprenden con sus juegos de cuatro esquinas y sus movidas de compañeritos píos píos.
La moda hoy es ser un tránsfuga.
Saltar de un partido político a otro es un deporte que practican también los políticos criollos, que el atleta panameño Irving Saladino es un aficionado si compite contra ellos.
Estas actitudes oportunistas están muy relacionadas al clientelismo que domina la política panameña y a la existencia de partidos políticos personalistas y sin una ideología que los identifique o un plan de trabajo que los identifique con la sociedad.
Ningún partido político se escapa del fenómeno y ejemplos sobran, una tras otro más sorprendente e inexplicable que el otro.
Manuel De La Hoz volvió a las filas del PRD, Víctor Juliao hijo se inscribió en Cambio Democrático, Sergio "Chello" Gálvez tiene el honor de cambiarse de tolda política cada cinco años, Jesús "Maco" Rosas dejó el MOLIRENA para irse a Vanguardia Moral de la Patria, Delia Cárdenas y Carlos Cordero se vincularon a Unión Patriótica y Fonseca Mora se fue al Partido Panameñista.
El expresidente Guillermo Endara no ha podido explicar, ni justificar por qué si calificaba de corrupto al gobierno de la expresidenta Mireya Moscoso acepta en sus filas a Maco Rosas y se reúne con la exmandataria, que revitalizada parece que quiere retomar el liderzgo de la oposición y recuperar el control del panameñismo, ahora en manos de Juan Carlos Varela.
El propio Ricardo Martinelli, que se vinculó y apoyo a gobiernos del PRD y el Arnulfismo, pero que ahora alentado por las encuestas y con un discurso crítico a la gestión del Presidente Martín Torrijos, pide perdón a los electores, es visto en la propia oposición como una amenaza que divide una unión opositora y afecta las aspiraciones presidenciales de Alberto Vallarino, José Miguel Alemán y el propio Expresidente Endara.
El sueño del tránsfuga es llegar al poder y el actual escenario político donde no hay propuestas, ni discursos creíbles, el quítate tú para ponerme yo se hace fuerte y también una costumbre.