domingo 11 de marzo de 2007

 

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  NACIONAL


Pedro Prestán y el incendio que destruyó a Colón

Agustí­n Jurado | Crí­tica en Lí­nea

Las arbitrariedades que cometí­a el presidente Rafael Núñez contra los liberales y opositores, volvieron a encender el fuego de la revolución en Colombia. Panamá se vio afectada por esta insurrección, al formar parte de ese paí­s. El activista liberal Pedro Prestán, abogado y maestro de escuela, tomarí­a parte activa en los sucesos violentos que tení­an como propósito el derrocamiento de Núñez.

Prestán era oriundo de la ciudad de Cartagena y habí­a emigrado a Colón, donde fijó su residencia. Allí­ viví­a con su esposa e hija. Alternaba su trabajo de maestro con el de abogado.

Al tiempo que Prestán era un hombre valiente, también era un soñador que deseaba acabar con las injusticias sociales.

Ocupaba la presidencia del Estado Federal de Panamá en 1885, el general Ramón Santodomingo Vila. En febrero de ese año, la revolución amenazaba al régimen de Núñez, en especial a Cartagena. Santodomingo tuvo que acudir a Cartagena con casi todas las tropas acantonadas en Panamá, dejando la ciudad desprotegida. Esta ocasión fue aprovechada por el revolucionario liberal general Aizpuru, para tomar el control de la ciudad.

Así­ las cosas, el coronel Carlos A. Gónima que se hallaba en Colón al frente de una reducida guarnición no le quedó más remedio que partir hacia la ciudad de Panamá con sus soldados para combatir a los revolucionarios. Esta ocasión fue aprovechada por Prestán para reunir a unos cuantos partidarios mal armados. En pocas horas se hizo dueño de la ciudad. Entonces impuso" contribuciones revolucionarias" al comercio, para la adquisición de armas modernas.

Para entonces, Prestán contaba con algo más de 300 revolucionarios, reclutados entre elementos del mal vivir, la mayorí­a extranjeros desempleados, malhechores e individuos que no buscaban otra cosa que "pescar en rí­o revuelto".

Prestán, al contar con el dinero suficiente, encargó armas a los Estados Unidos. Este armamento llegó en el vapor "Colón", pero el capitán del barco recibió órdenes del jefe civil y militar de Panamá, coronel Gónima, de no entregar las armas a Prestán.

Todo esto sucedí­a mientras un buque de guerra norteamericano, el Galena, se hallaba anclado en la Bahí­a de Colón, cuyo capitán observaba los acontecimientos, dispuesto a intervenir si derivaba en una situación que amenazara el libre tránsito a través del Istmo, tal como se hallaba estipulado en el Tratado Mallarino-Bidlack de 1846.

El jefe revolucionario se enfureció al no poder recibir las ansiadas armas con las cuales podrí­a hacer frente, quizá con éxito, a los soldados que no tardarí­an en llegar para combatirle.

Entonces, adoptó una acción peligrosa. Tomó como rehenes al jefe de la compañí­a de vapores, de nacionalidad norteamericana; y nada menos que al cónsul de los Estados Unidos y a dos oficiales del Galena.

Mandó a decir al capitán del buque de guerra que no pondrí­a en liberta a rehenes hasta que no le entregaran las armas llegadas en el "Colón".

Como no fueron satisfechas sus exigencias y al tener conocimientos que el coronel Ramón Ulloa marchada en tren desde la ciudad de Panamá, con una tropa bien aguerrida, se retiró a Monkey Hill, en las fueras de Colón, dispuesto a presentar combate. En efecto, las fuerzas gubernamentales, mejor entrenadas, y superiormente armadas, no tardaron en dar cuenta de dos revolucionarios.

TERRIBLE INCENDIO
El 31 de marzo de 1885 en medio de una refriega, se desató un pavoroso incendio que reducirí­a la ciudad en cenizas. Mientras Prestán escapaba rumbo a Portobelo, para de allí­ embarcarse rumbo a Cartagena con la intención de unirse al ejército liberal, comandado por el general Gaitán Obeso. Allí­, Prestán fue recibido con cierta animosidad por llevar consigo el estigma de haber incendiado Colón dejando más de diez mil personas sin hogar y pérdidas multimillonarias.

En general Gaitán Obeso fue derrotado y Prestán tuvo que huir otra vez, en esta ocasión rumbo a Venezuela, pero no logró su objetivo. Fue capturado y enviado a Colón, donde fue juzgado. Los grandes comerciantes que sufrieron pérdidas millonarias, sus enemigos personales y ciudadanos norteamericanos que se consideraron vejados por la acción de Prestán fueron sus jueces. No tardaron es declararlo culpable.

Dí­as antes fueron ahorcados, dos de sus más cercanos ayudantes, el haitiano Antonio Pautrizelle y el jamaicano George Davis, alias "Cocobolo". Prestán fue ahorcado el 18 de agosto de 1885.

El prestigioso escritor uruguayo Eduardo Galeano en su obra "Memoria del fuego II", vuelve a poner sobre el tapete la cuestionada maldición, que se ha considerado como una leyenda y nada más.

El crimen maldice a Colón. Por expiación se incendiará la ciudad cada veinte años, desde ahora y para siempre".

 

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