En dos ocasiones he estado a punto de morir, pero al parecer "allá arriba o abajo no me quieren tan temprano".
Pensé en esto el otro día cuando en la televisión pasaron un reportaje sobre gente que ha estado a punto de morir... ¡y pueden echar el cuento! (Código 4).
"Eso me pasó a mí también", me dije con cierta satisfacción, al darme cuenta que pude haber sido objeto de un reportaje de televisión.
Imagino que en este país habrán personas que también tendrán el raro privilegio de haber estado al borde de la muerte, y siguen viviendo.
Confieso que primero pensé en llamar a la ex alumna de periodismo que hizo ese reportaje, para indicarle que yo también había tenido la suerte de "no irme antes de tiempo".
Luego pensé que tal vez mi experiencia no fue tan dramática como la de otros.
Así que decidí contárselas a mis lectores.
Cuando estaba estudiando periodismo en la Universidad (años sesenta) en el salón un compañero narró la experiencia de ver una "cabeza de agua" en un río.
Eso es la avalancha de agua que se precipita por un río, luego de romperse el embalse que la tenía detenida.
Dos días después de escuchar esto estaba buceando en el río que viene de Cerro Azul. Al levantar la cabeza escuché un ruido como de un motor a chorro de un avión, lo que me extrañó.
Miré hacia atrás y vi una mole de varios metros de agua lodoso, llena de troncos, que avanzaba violentamente. Reaccioné y subí de tres zancadas la orilla hasta quedar a salvo.
Luego en los años setenta, cuando asesoraba en Sociología al Ministerio de Salud, quise visitar San Blas, lugar que no conocía.
Había una gira médica para el sábado y traté de colocarme en el viaje. Elaboré un programa de actividades sociológicas que había con los indígenas, para justificar mi presencia en la gira.
Mi jefe no se convenció que un periodista sociólogo fuera a San Blas en una gira de salud. Estuve hasta cinco minutos antes de la salida del trabajo tratando de conseguir la autorización.
Fracasé en mi intento. "Ese puesto se lo daremos a un educador para la salud", sentenció el jefe.
Al día siguiente el avión desapareció. Lo encontraron ocho años después. ¡Todos murieron!