logo critica

seccionesEl Panama Americaotras publicacionesprimera planaportadanacionalesopinionprovinciasdeporteslatinoamericacomunidadrelatosreportajescronica rojahoroscoposocialesespacioediciones anterioresbuscador de noticias

 

home

variedades

Lunes 28 de febrero de 2000




MENSAJE
Confesión primero, pecado después

El sacerdote Gastón Dufaur, de Quebec, Canadá, terminó su última misa vespertina y se dispuso a cerrar la iglesia. Pero dos hombres jóvenes, bien vestidos, le pidieron que los confesara. Y ahí vertieron en los oídos del párroco todas sus fechorías.

No bien habían terminado su confesión, hicieron lo insólito. Apuntaron pistolas al pecho del sacerdote y le pidieron todo el dinero de la colecta. El párroco les habló del pecado de robar, especialmente en una iglesia, a lo que ellos respondieron: «Ya nos hemos confesado, Padre, así que dénos el dinero.» Se llevaron casi setecientos dólares en moneda canadiense.

La confesión tiene como regla evidente que primero se peca, luego se confiesa. Y tan arraigado está ese concepto que hay quienes creen que se puede pecar todo lo que se quiera siempre y cuando al pecado lo siga la confesión. Esto, por supuesto, revela una crasa hipocresía religiosa.

Sin embargo, estos dos jóvenes llevaron el mal todavía un poco más allá. Primero se confesaron, como quien compra anticipadamente su perdón, para después robar. Nos recuerda, aunque algo fuera de contexto, una interrogación retórica del apóstol Pablo: «¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde?» (Romanos 6:1).

Es cierto que Dios ordena en la Biblia hacer confesión de los pecados. Incluso hubo veces que por ocultar el pecado y no confesarlo, terribles castigos cayeron sobre el pueblo de Israel. Hay varios casos bíblicos en que individuos sufrieron la pena capital por ocultar su pecado y no confesarlo.

No obstante, algo interesante ocurrió con el advenimiento de lo que habría de llamarse el Nuevo Testamento. Jesucristo tomó sobre sí, en la cruz del Calvario, el pecado de toda la humanidad. Tenemos que arrepentirnos, pero existe hoy un sacrificio, ya ofrecido, para la expiación de esos pecados. Las palabras de Jesús confirman esta gran verdad. Él dijo que no vino para que le sirvieran, «sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28).

De nada nos sirve tomar a la ligera la liturgia de la confesión. Incluso pueda que más condenación recibamos. Pero algo sí podemos hacer. Es, en humilde contrición, pedirle a Cristo que nos perdone nuestros pecados, y prometerle rendirnos a su señorío todos los días de nuestra vida. Esa es la confesión que de veras vale. Lo que debemos decirle a Jesucristo es: «¡Ten compasión de mí, que soy pecador!» (Lucas 18:13).

 

 

 

linea

volver arriba


AGRICULTURA

Nueva técnica que revolucionará el cultivo del melón y sandía para la exportación en Azuero

 

 


 


linea

 NUESTROS ANUNCIANTES

banner publicitario

 

PRIMERA PLANA | PORTADA | NACIONALES | OPINION | PROVINCIAS | DEPORTES | LATINOAMERICA | COMUNIDAD | REPORTAJES | RELATOS | CRONICA ROJA | HOROSCOPO | SOCIALES | EDICIONES ANTERIORES | BUSCADOR DE NOTICIAS | OTRAS SECCIONES

linea
linea gris

bandera de Panama 

 

Copyright 1995-2000, Derechos Reservados, Editora Panamá América, S.A., EPASA