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EDITORIAL
La medicina comercializada
Enfermarse en Panamá y morirse es un lujo. Los altos costos de los servicios funerarios ponen de manifiesto de que en el país la acción de fenecer es prohibitiva, aparte de la inútil burocracia que es retirar un cadáver de la morgue durante un fin de semana. La pesadilla más grande que tienen los asegurados y los que no lo son es requerir los servicios de salud, ya que en una gran mayoría son deficientes y los facultativos atienden con desgano cuando no se trata de una consulta privada. El pueblo panameño está pasando actualmente una odisea al atenderse en hospitales públicos así como en los Centros de salud. Casi no se encuentran los medicamentos recetados y los pacientes tienen que acudir a farmacias privadas. Los hospitales públicos tienen también grandes limitaciones, sobre todo en el hospital del Seguro Social cuyas autoridades todavía no han resuelto el problema de atender las citas médica especializadas, que son programadas para tres y cuatro meses después. El Hospital Santo Tomás, a pesar de la inyección económica que le han dado, su restauración todavía es lenta, precisamente por la burocracia a que hemos hecho referencia. Pero todo no termina allí. Algunos hospitales ven con voracidad los seguros privados que tienen algunos pacientes e inflan los precios de las prestaciones médicas. En Panamá, difícilmente una compañía aseguradora resiste los precios que le cobran clínicas y hospitales, y ello va hasta el agotamiento de las primas del seguro de estas aseguradoras privadas. Este es un verdadero drama, porque cualquier paciente que puede pagar un seguro privado, al poco tiempo se le agota y tiene que recurrir a los hospitales públicos. En esto debiera estar el Ministerio de Salud y autoridades pertinentes en vez de perder el tiempo con decretos sobre las mascotas. La salud del pueblo panameño se está deteriorando cada día, porque una "rosca" impide que la medicina tenga un rostro más humano. Los que importan medicamentos están ganando un 200 por ciento ante la indiferencia de las autoridades que no actúan con energía para frenar estos abusos. Esta es una insensata provocación al pueblo panameño. Aquí abusan de la supuesta mansedumbre de un pueblo, cuyas acciones virulentas se sabe cuando empiezan pero nunca cuando terminan.
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PUNTO CRITICO |
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