El niño de diez años estaba disfrutando el video “interactivo” que le regaló su papá para Navidad. Lo vi tirando puños al aire, con sus manos que tenían unos alambres en los dedos. Parecía que boxeaba con un fantasma. Esto despertó mi “curiosidad periodística”. Me acerqué en silencio y miré la pantalla del televisor.
Allí estaba el contendiente del niño. Tenía guantes de boxeador y estaba dentro de un “ring” de boxeo... tirando puños a más no poder.
Lo que me sorprendió fue que se trataba de una simpática niña “cibernética”.
Quedé asombrado por la situación. Me horrorizó ver al varoncito lanzarle puños con entusiasmo... a la imagen de una graciosa niña.
Tal vez yo sea un “dinosaurio” por mi edad y no comprenda los “modernos” juegos de videos. Pero pensé que pelearse con una niña (aunque sea de video), no es buen ejemplo para ningún niño.
En primer lugar, cuando era niño me enseñaron que a las niñas no se les pegaba... ni con el pétalo de una rosa.
Por lo visto esa enseñanza no se da mucho ahora, porque los casos de violencia contra las mujeres aumenta en Panamá y el resto del mundo.
Y aunque le hiciera gracia al chiquillo entrarle a puñetazos a la simpática niña cibernética, pienso que esto puede sembrarle en su mente inmadura la idea de que.... ¡se le puede pegar a las mujeres!
No me digan que se trata de inocentes juegos de videos...
En el mundo ya se ha confirmado la influencia que tienen las películas (imágenes) en la conducta de los niños.
Esto no es nuevo. Cuando estudiada Sociología en Chile a finales de los años sesenta, me mostraron una investigación hecha en un kindergarten de Estados Unidos.
A un salón se les proyectó quince minutos de películas cómicas con escenas de violencia. En el otro salón las cómicas fueron sencillas, sin ninguna actividad violenta.
Luego mandaron a los niños de recreo y filmaron lo que hicieron. Se comprobó que los chiquillos que vieron cómicas violentas, jugaban con más violencia que los otros. Incluso reñían por cualquier cosa.
Así que una cinta de TV, video o película puede influir en el comportamiento de los niños. Recientemente una madre me dijo que su hijo de cinco años se exaltaba tanto viendo videos violentos, que le daba una “pataleta” cuando querían que dejara de verlos. Se ponía “fuera de sí”, lo que la madre pensaba que era consecuencia de la violencia que había visto.
El mismo niño de la pelea “virtual” una vez tenía un video de guerra, “hay que matar para ganar”, dijo con voz de inocencia.
Yo quedé aterrorizado. Pensé que cuando grande podría convertirse en un terrorista por culpa de esos videos.