La muerte del disidente cubano Orlando Zapata Tamayo es un hecho que estremece la conciencia de la mayoría de los países del mundo. Este albañil de 42 años inició el 3 de diciembre una huelga de hambre que se extendió por 83 días para protestar por las palizas sistemáticas que recibían los presos políticos en la cárcel Kilo 7, en Camagüey.
Zapata había sido detenido en el 2003, en la llamada "Primavera Negra", cuando una redada de la policía política cubana arrestó a 75 opositores pacíficos, que en juicios sumarísimos fueron condenados a largas penas de prisión.
A Zapata le formularon cargos de desacato, desobediencia civil y desorden público. Primero lo condenaron por tres años y ya en prisión le imputaron más delitos para elevar su prisión a 36 años.
El mundo no puede permanecer indiferente ante lo sucedido con este hombre, que entregó su vida por sus creencias.
Su actuación es un ejemplo para los luchadores por la libertad en cualquier lugar del mundo. Sin duda que Orlando Zapata Tamayo se convertirá en un mártir de la libertad.
Lo sucedido también pone en aprietos al régimen cubano, que no podrá argumentar justificación valedera ante lo sucedido.