En la actualidad, creo que pasan de mil, las unidades rodantes, entre busitos, coaster, chivas y transportes de otras modalidades, que viajan desde el centro de La Chorrera, hacia poblaciones alejadas y cercanas en la periferia, haciendo obligatorio, desde hace tiempo, construir un centro de llegada y transbordo de pasajeros y carga, para evitar las complicaciones que se vienen dando, al estar diseminadas las piqueras por toda la ciudad, lo que incomoda a los usuarios y agrava el embotellamiento vehicular en la zona céntrica.
La construcción de esta nueva terminal de transporte interurbano y rural debe ser ampliamente consultada con todos los sectores de la vida económica del distrito y, cumplir con las normativas actuales en cuanto a ubicación, volúmenes de pasajeros a transportar, tránsito y sobre todo, los beneficios que recibirán los usuarios, entiéndase pasajeros y transportistas. Para ello, sus proponentes y financistas deben realizar una campaña de divulgación previa, bien clara, amplia y precisa para que la comunidad conozca el proyecto y sus beneficios.
Entiendo que un proyecto de esa envergadura y proyecciones, tiene que ser aprobado por las instituciones encargadas de la planificación y ordenamiento del desarrollo urbano, en el marco de las perspectivas de crecimiento y movimiento de la población, y para ello, hay que agotar las consultas y cumplir con los requisitos necesarios señalados por la ley para este tipo de obras.
Es imperativo acelerar la construcción de una obra así, pero esa necesidad no puede dar paso a la improvisación, pues la misma tiene que cumplir con un objetivo social muy específico y no repetir experiencias traumáticas como las de un pasado no muy lejano.