Llegó la Cuaresma. Es una época, donde los católicos respetan la tradición de no consumir carnes, situación que es aprovechada por algunos malos comerciantes para elevar los precios del pescado y los mariscos. "Río revuelto ganancias de pescadores", reza el dicho, pero no se puede aprovechar esta situación cuando hablamos de las creencias de un pueblo.
Comprendemos que en todo negocio hay épocas buenas y malas. Sin embargo, no hay que abusar de los buenos momentos para sacar un excesivo provecho, en perjuicio de los consumidores.
Además de no abusar con los precios, también se hace necesario vender productos de buena calidad. Muchas veces, aprovechándose de la ignorancia de los clientes, se les ofrece pescado y mariscos dañados, lo que constituye una estafa y además un peligro para la salud de las personas.
Frente a esto se hace necesario que las autoridades del Ministerio de Salud y de la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor cumplan su papel de protección de la ciudadanía. Deben realizar operativos para evitar que algunos avivatos estafen a los consumidores, que de por si ya están muy golpeados.