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EDITORIAL
Guerra en Colombia
El gobierno de Colombia ha tomado la decisión de combatir a los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), situación que ha puesto en alerta a los servicios de seguridad de Panamá.
El secuestro de avión por parte de miembros de las FARC y la voladura de un puente colmó la paciencia del mandatario Andrés Pastrana, quien puso punto final a las negociaciones que por 42 meses adelantó el gobierno con la guerrilla para lograr la paz en el vecino país.
El Ejército inició de bombardeos a los municipios utilizados como santuarios por la guerrilla.
Las FARC se han convertido en un grupo terrorista y hoy sufre las consecuencias de la locura de sus dirigentes que no aprovecharon la oportunidad de firmar un acuerdo de paz.
Colombia se enfrenta a un enorme desafío y sus países vecinos, entre los cuales se incluye Panamá, pueden verse envueltos en ese teatro de guerra y se deben preparar para recibir a los desplazados de ese conflicto. A los 40 millones de hermanos colombianos les vienen tiempo difíciles. La mesa de diálogo del Caguán no logró resultados y ahora hablarán los fusiles.
Frente a ese escenario, Panamá es el país fronterizo con Colombia más vulnerable para el ingreso de la guerrilla y grupos paramilitares que operan en las zonas cercanas a Darién.
Desde hace décadas, la selva darienita ha sido utilizada por los guerrilleros como zona de descanso. Incluso financistas de las FARC y de las Autodefensas Campesinas han utilizado las facilidades bancarias panameñas para movilizar sus fondos.
La propia presidenta Mireya Moscoso denunció que se han detectado elementos de las FARC en la ciudad de Panamá, a los cuales se les mantiene bajo vigilancia. No hay que olvidar que los irregulares colombianos han secuestrado helicópteros, avionetas y atacado poblados en Darién y de la Comarca de San Blas.
Durante meses, diversos políticos panameños han recomendado que Panamá no debe inmiscuirse en el Plan Colombia, como si la sola expresión de declararnos neutral al conflicto en cuestión, represente una vacuna para salvarnos de la violencia en el país vecino que ya se desborda.
Lo correcto ante la situación de emergencia es adecuar a los servicios existentes de la Fuerza Pública con el equipo necesario para una labor preventiva y de vigilancia que evite que los miembros de las FARC penetren a territorio panameño como Juan por su casa.
Las labores de inteligencia y vigilancia en la zona fronteriza también son necesarias, para que los policías no sean sorprendidos por ataques de guerrilleros y paramilitares.
Panamá aunque no lo quiera de hecho quedará inmerso en el conflicto colombiano, lo responsable es adoptar las medidas pertinentes para minimizar los efectos del mismo en nuestro país.
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PUNTO CRITICO |
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