Tras más de dos extenuantes semanas en las que 400 mil citas médicas se perdieron, y se dejaron de entregar 260 mil medicamentos, la población asegurada al fin puede respirar aliviada, aunque probablemente no será por mucho tiempo.
La huelga de los ténicos de salud agremiados en CONAGEPROTSA llegó a su fin, al acordarse con el gobierno y la administración de la Caja de Seguro Social un ajuste de salario de 65 balboas, y la emisión de un bono de productividad de 200 balboas.
Luego de la aprobación de las reformas a la Caja de Seguro Social en 2005, para tratar de extender unos años más la vida de la institución, todas las proyecciones de sostenibilidad a futuro de los programas de la CSS han quedado seriamente afectados.
Y no podría ser de otra forma. Desde que entraron en vigencia las mencionadas reformas, la CSS se ha enfrentado con una huelga médica, dos extensas protestas de los jubilados, una de los enfermos de hemodiálisis y ahora una de los técnicos de salud.
Y todavía no se sabe cuál será el impacto en dinero que tendrán las futuras indemnizaciones a los más de 100 muertos y miles de afectados por jarabes envenenados con dietilenglicol en 2007.
De seguro, en menos de una década el país se verá obligado a revisar los números y volver a entrar a debatir sobre el escabroso tema de incrementos en la cuota obrero-patronal y aumentos a la edad de jubilación.
De cualquier forma, el futuro de la CSS se perfila igual a la realidad de los últimos diez años: conflictos laborales, ineficiencia, escasez, retrasos, y una situación financiera siempre al borde del colapso. La CSS parece condenada a existir de esta forma, aunque no debería ser así.