Nuestro país es un crisol de razas y prácticamente somos un país comunista, porque en ella no se perciben las diferencias de clases sociales cuando estamos envueltos en los torneos electorales, durante este tiempo los ricos se pasean entre los barrios pobres, besando y cargando a nuestros niños pobres y sucios con la promesa de que acabarán con la pobreza, debemos aprovechar porque es el único momento que los veremos, cuando llegan al Gobierno siempre están muy ocupados, para atender las peticiones de los pobres.
En democracia, los ricos sólo necesitan los votos de los pobres para llegar a gobernar, una vez que llegan al Gobierno se produce el divorcio, y los pobres se convierten en necios que no saben lo que quieren, cuando no se les escucha, deciden cerrar las calles, causándoles daños a los derechos ajenos para movilizarse. Estos pobres no se dan cuenta como detienen la economía creciente cada vez que se les ocurre trancar las calles.
La costumbre es establecer las diferencias de clases cuando llegan al poder, pero en este torneo electoral, observamos que al pueblo se le ha dicho que vamos todos en una caravana marítima, al ver este despliegue de opulencia nos preguntamos:
¿Cuántos pobres tenemos yates para participar de dicha caravana? Pero la respuesta fue inmediata, vengan en su panga, en su cayuco, como puedan.
¡ Somos todos iguales en Panamá! Sin embargo, hay ciertas cosas que nos siguen separando, por ejemplo: el pobre que corre es ladrón, pero el rico que corre está haciendo ejercicio, el pobre que aprende a generar riquezas como socio en empresas, mientras ocupa cargos públicos, se insinúa que le ha robado al Estado, pero el rico que entra al gobierno y aumenta su riqueza se lo aplaudimos, porque es una persona exitosa de negocios.
Para alcanzar la igualdad en democracia, los pobres no sólo debemos ejercer el derecho de elegir, también tenemos el derecho de ser elegidos a los altos cargos, es lo justo en una sociedad en la que el 70% somos pobres. [email protected]