¿Cómo es posible que algunos ahorren durante meses preparándose para el carnaval, y llegado el miércoles de ceniza, ni siquiera les alcanza para el pasaje de bus de regreso a la capital?
Siempre se repite aquel lema de que el carnaval es "desorden con orden", lo que implica necesariamente estar preparados en todos los sentidos para el jolgorio.
Como en todo, en los carnavales también hay que programarse. Hay que planear los días que uno se va a quedar, dónde se va a quedar, qué comida vamos a llevar, el licor que vamos a transportar, y desde luego, con cuánto dinero vamos a disponer.
Esto por fuerza implica establecer un presupuesto para cada día de carnaval, incluyendo el de la gasolina para regresar, o el transporte público.
Y no podemos dejar olvidado que aún nos faltan 10 días para la siguiente quincena, o sea que hay queu dejar un dinerito para todos esos días.
Pero desde ayer vemos aún en Las Tablas, Chitré, Los Santos, Penonomé y otros puntos, a esos cuya ida al carnaval es improvisada, y que también improvisada tendrá que ser su vuelta.
Por ahí andan pidiendo un "bote" a cualquier conocido que tengan, o caminan por la carretera haciendo la señal del "lift", esperando que alguien se apiade de ellos. El problema para ellos es que la gente hoy día es tan desconfiada por causa de la violencia callejera, que las probabilidades de que le dén un aventón son minúsculas.
Parece mentira, pero hasta para el relajo hay que tener algo de conciencia y sentido común. Usémosla, y programémonos en los próximos carnavales.