"En este mundo todo tiene hora y fecha y aquel día a mí no me tocaba morir", reflexionó Gaspar Piñeiro Sánchez, de 56 años, un electricista cuyo cuerpo resistió 480 voltios de corriente eléctrica, tras sufrir un accidente laboral.
La víctima sobrevivió a altos niveles de electricidad, pero eso no tiene que ver con la suerte, sino con el destino, enfatizó Piñeiro quien ha dedicado 38 años de su vida al departamento de mantenimiento del Hospital Santo Tomás.
Piñeiro, un coclesano de madre panameña y padre colombiano, emigró a la ciudad de Panamá cuando apenas era un adolescente, con el propósito de forjarse un futuro próspero para su futura familia.
Hoy con tres hijos y con una vida prácticamente realizada, jamás imaginó que en este terruño podía tener un cara a cara con la muerte.
LOS HECHOS
Aquella tarde del 23 de junio del año pasado, será inolvidable para Piñeiro. Era como otra tarde más en el hospital.
Según relató el entrevistado, el camión que surte al nosocomio de oxígeno llegó y él y Manuel Reyes -otro compañero de oficio- fueron asignados para realizar el pase del gas del vehículo, al depósito.
Pero esa tarea trajo un elemento extra: la manguera que siempre se utilizó para realizar el pase de oxígeno fue reemplazada por un cable con corriente eléctrica.
Un par de botas amarillas de cuero con plástico, cubrían sus pies y para protegerse mejor, en el piso colocó una tabla que empleó cómo aislante, en la mano derecha llevaba el aparato de medir voltajes. Con estos instrumentos Piñeiro y su compañero de oficio, Reyes, sentían más confianza de que no les podía pasar nada y se acercaron a la planta eléctrica para realizar su cometido, pero al conectar el cable, ambos fueron lanzados por la corriente, aproximadamente de dos a tres metros de la cajilla del enchufe.
Después todo se apagó. "Fue como si alguien hubiera apagado la luz", pero además daba la sensación de estar dormido y en el fondo, pero muy en el fondo, se escuchaban voces difíciles de distinguir. Aunado a ello estaban sin fuerzas suficientes para lograr sostenerse en pie.
Tras el incidente hubo un bajón en la corriente eléctrica y la planta eléctrica de la empresa arrancó y el jefe del departamento, como tenía conocimiento del trabajo que estos realizaban, llegó al epicentro de la baja eléctrica. Piñeiro y Reyes, estaban en el piso.
Supo después por sus amigos, que entre los compañeros de labor, paramédicos y personal biomédico que ingresaron al Cuarto Eléctrico, los rescataron.
Piñeiro resultó con mayor grado de lesiones. Éste presentaba quemaduras en los dedos y laceraciones leves en otras partes del cuerpo.
Los dejaron hospitalizados y luego en la noche cuando todo había transcurrido, se puso a llorar por la connotaciones que representaría para su familia, su muerte.