"¡Mi mamá, mi mamá!", gritaba un niño de 11 años al ver a su madre tirada sin vida en una cuneta de la calle que conduce a la comunidad El Jagüito, en El Roble, Aguadulce. Ella fue arrollada dos casas antes de llegar a la suya, por un vehículo sedán rojo que no tenía una de sus luces delanteras y cuyo conductor se dio a la fuga a alta velocidad, según testigos.
A las 8: 10 de la noche del sábado, a 600 metros de la entrada de El Jagüito, Maritza Espinosa, de 40 años, murió y dejó en la orfandad a cuatro hijos a los que mantenía sola, limpiando patios y casas. Era una mujer muy trabajadora según dijeron sus vecinos.
El más pequeño de sus hijos la acompañaba y vio todo lo ocurrido. Venían de las patronales de Don Bosco, en el centro de El Jagüito.
Aparentemente, la señora Maritza se agarró de las ramas de un árbol de marañón que estaba a la orilla de la carretera después de sentir el impacto, ya que junto al cadáver se encontró un pedazo de ese árbol así como hojas en la mano derecha.
Del impacto que recibió el cuerpo de la víctima, la cartera quedó del otro lado de la vía. Un plato y un cartuchito con comida quedaron en el suelo y las zapatillas cerca al lugar del atropello.
Al parecer, el golpe fulminante lo recibió en la cabeza. El cuerpo tenía fracturas múltiples y golpes en el brazo, pierna derecha y la espalda.
Este es el tercer caso de atropello y fuga que se presenta en estos tres últimos sábados, en Natá y Aguadulce.
El responsable de este atropello está siendo buscado por unidades de la Policía Nacional y la Policía Técnica Judicial.
Las estadísticas del Tránsito reflejan que en los primeros meses del año que inicia la violencia que se esconde tras el timón es preocupante, dado que los números de vidas perdidas van en aumento pese a las recomendaciones que dan las autoridades.
Prudencia y la vigilancia de las reglas de conducir deben ponerse en práctica.