Cuando caminamos por las calles de nuestro pequeño país, vemos un sinnúmero de productos en el mercado, lesivos para la salud humana, sobre todo para las mujeres que están demostrando que son más consumistas que los hombres; productos que van desde tintes para el cabello cargados de peróxido de aluminio, y los maquillajes de famosas marcas que contienen el dañino metal plomo que está demostrando que produce cáncer.
Desde la mujer más joven hasta la más anciana llevan sus cabelleras teñidas de todos colores, principalmente amarillo para aparentar que son rubias, sobre todo porque la televisión, las revistas y la propaganda les han inculcado a las latinas que existe un prototipo de belleza que deben seguir, que es el anglosajón. Es decir, que para sentirse atractivas las mujeres deben ser de contextura delgada, tener una buena estatura, el cabello rubio y los ojos verdes o azules, engaño que logran con lentes de contacto.
Peor aún, ya se han dado algunas defunciones de mujeres que sin tener ninguna enfermedad que amerite una cirugía, se someten por vanidad al quirófano para alterarse los bustos y agrandarse los glúteos, porque no aceptan las características físicas que Dios les dio, que para los que no lo saben el color de los ojos, el del cabello y las demás características físicas se deben a las condiciones climatológicas y medioambientales de los países de donde se es originario.
El consejo que le damos a la mujer latina es que no se dejen manipular por las llamadas "divas" de Hollywood y las novelas; que se quieran a sí mismas con las características que Dios les dio, porque cambiarse su imagen es despreciar lo que el Creador con tanto amor nos dio.