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Supuestamente, desde el 15 de diciembre del 2001, la flota de transporte colectivo en la capital, estaría reglamentada por medio de una calcomanía, para determinar cuál autobús puede cobrar 0.25 centésimos por el pasaje. Las redadas de las autoridades del tránsito y las quejas de los usuarios han demostrado que sigue el relajo de algunos conductores y dueños de autobuses, engañando a los usuarios, dizque colocando calcomanías falsas o hasta haber negociado el revisado del vehículo, quién sabe con cuál funcionario corrupto, para luego transar al pasajero.
Tres veces me he encontrado con autobuses en mal estado, con asientos dañados, sin aire acondicionado, con gente hasta en la puerta, además de las groserías del conductor, que dicen estar prestando un mejor servicio, y es todo lo contrario. "Paga tu cuara, o ya tú sabes...", es la amenaza del copiloto (o pavo), cuando te quejas por el servicio. Estos señores del volante no saben lo que hacen. Corren el riesgo de perder sus empleos, cuando menos lo piensen, pues el día que un gobierno decida privatizar el transporte colectivo, miles de palancas se quedarán en las calles. Y los dueños de los viejos autobuses, engrampados con sus deudas millonarias.
Para la población de la capital panameña, el aumento del pasaje fue el robo del siglo. Miles de personas ahora deben pagar más y muchos son los que esperan el paso de un autobús de 0.15 centésimos. En contrapartida, los autobuses de lujo sólo cambian la apariencia y la comodidad, pero los conductores siguen igual: continúan las regatas de San Miguelito hasta la Terminal de Albrook, cometen accidentes fatales, arrollan a los transeúntes a cada rato y llenan el vehículo hasta reventar. Por eso, ahora les llaman "Diablos Blancos", la nueva generación de autobuses que reemplaza a los denominados "Diablos Rojos".
¿Qué podemos hacer para acabar con el relajo en el tema del transporte colectivo? Cuál es el miedo del gobierno de turno, pues si tiene el poder del Estado en sus manos, ellos pueden tomar los correctivos para normalizar la cuestión del transporte en la capital.
Las redadas esporádicas de la Autoridad del Transporte no sirven para nada, si no se cambia el problema real de la crisis: el modo de vida y trabajo cotidiano de los transportistas, en especial los palancas.
Cada día, el "palanca", o conductor de autobús, debe reportar una comisión por el trabajo de manejar el vehículo. De entre cinco a siete vueltas se deben realizar entre la piquera y el centro de la ciudad, para cubrir la cuota. Las amenazas de los dueños del autobús, la presión psicológica de apurarse en la calle para tomar más pasajeros en las paradas, además de las detenciones ocasionales de los oficiales del Tránsito, que los sorprenden sin licencias de conducir, para luego cobrar su "coima", no hacen otra cosa que seguir con el sendero de corrupción en el tema del transporte colectivo. |