El panameño no es tonto. Ya comenta en la calle que algo anda mal en algunas comunidades indígenas porque no ha sido por arte de magia que se registren tres tragedias en los últimos días.
El último incendio que se verificó en Uala estuvo involucrada la mano criminal, pues, según las autoridades que adelantan las investigaciones, el incendio se originó de afuera para adentro.
Se sospecha de elementos ligados a los narcos, pero hasta ahora nadie lo ha confirmado. Todo ha pasado a ser meros rumores o sonidos del río que viene cargado con piedra, tal como dice el refrán popular.
Existen más amenazas de que se registren hechos similares, pero ¿de dónde provienen tales amenazas? Esto es lo que deben investigar las autoridades con los mismos sahilas que son los jefes de estas comunidades que tienen sus propias leyes.
Esta situación hay que frenarla de raíz porque se pierde dinero en incendios provocados, cuando éstos deben usarse para reparar daños fortuitos.
Si en verdad algunos miembros de la comunidad indígena andan en asuntos raros, debe ser investigado porque está afectando a sus propios hermanos.
Es un deber también de los gobiernos brindar seguridad para vigilar qué hacen sus ciudadanos, sin importar que éstos pertenezcan a una comarca con gobierno casi independiente.
Todos conocemos que la mafia convive ya entre nosotros, por ello, debemos incrementar la vigilancia para enfrentarla y frenar más incendios o más muertes por venganza porque no nos merecemos un estilo de vida de ese tipo.