Cada vez que expreso este tipo de opiniones, siempre sale alguien diciéndome que esto no es cierto o que no debo generalizar. Por ello hay muchas personas buenas que se reservan y no se atreven a protestar, para no buscarse problemas.
Entonces se aplica correctamente el adagio que afirma que mientras los buenos nos callemos los malos harán y multiplicaran sus malas acciones y la juventud seguirá sus ejemplos.
Se imagina usted que pasaría si por ejemplo en un lugar hubiese tres personas buenas y una mala intentando cometer sus fechorías y las tres le llamasen la atención enérgicamente. Seguro que este no seguiría.
Como siempre en horas de la mañana camino a mí oficina recorro la Avenida Santa Elena y me encuentro, ANTES DE LAS NUEVE DE LA MAÑANA, vehículos en el sentido contrario. He ido en dos ocasiones a la Oficina de Tránsito en Panamá Viejo, sin resultado alguno. En una ocasión fui a la Policía de Parque Lefevre que esta en la misma avenida y me quejé ante el sargento de guardia, ya que un carro patrulla que ahí llego no le llamó la atención a un vehículo que cometía la infracción mencionada.
En días pasados me encontré uno de esos jóvenes que traen el carro que llevan tremendo estruendo y me grita que lo decretado es hasta las ocho, cuando le contesto que esta equivocado que es hasta las nueve de la mañana, me manda para la $.
Cuidado que el jefe de la Policía lee este artículo y para favorecer a los infractores ordena que sea hasta las ocho.
Hace poco transitaba en mí automóvil por Avenida Balboa, cuando llegue al semáforo frente a Niko's para girar a calle 50, una joven se pasó toda la fila que esperaba y por fuera intentó pasar de primera, como vio que mi carro la obstaculizaba, bajo el vidrio de su vehículo y con un lenguaje soez y vulgar me amenazó. Eso tipo de situaciones me demuestra lo acertado que estoy cuando afirmo que no todas las mujeres son damas.
No pierdo la esperanza de que algún día los panameños tengamos un Presidente con la moral suficiente para poner orden.
Al pan pan y al vino vino, llamemos las cosas por su nombre, en Panamá REINA LA MALEANTERÍA y los malos modales.