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EDITORIAL
Un país sin rumbo
Panamá quería que terminara el lamentable episodio sobre la ratificación de los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia. No importaba cuál fuera el desenlace; lo que se quería era echarle tierra y seguir adelante.
Sin embargo, lejos de eliminar las tensiones, la forma como acabó abrió nuevas heridas y dejó en la comunidad nacional un sinsabor que tardará en desaparecer. La percepción (y en política, la percepción es palabra de Dios) es que los nuevos magistrados llegaron donde están por la trampa y el juega vivo de unos pocos, y que la justicia como concepto vivo, perdió.
Quien culpe a la oposición de lo ocurrido, se limita en el análisis. Lo mismo pasaría si achacamos responsabilidades al gobierno únicamente. El actual es un problema -fatídico y preocupante- que atañe a la clase política en general, la cual ha mantenido al país por cuatro meses en suspenso, hundiéndonos a todos en el lodazal pútrido del rejuego de poder, sin importar las consecuencias. Toda la agenda nacional fue relegada por este tema macabro, lo cual ha traído más descrédito a nuestras laxas instituciones, sin que por el momento se vea ninguna luz en el camino.
Lo que llama la atención es la espuela y el ingenio poderoso que tuvo el gobierno para "ganar" esta batalla. La estocada fue precisa y brutal. Nunca antes se habían visto estos talentos en las maneras de las autoridades, y ahora se piensa que si se hubiesen usado para echar adelante los temas nacionales, otra sería la situación de todos.
Porque en materia económica, el país es un promiscuo mar de sombras e incertidumbres. Todo lo que se pudo hacer en este tiempo sucumbió por el marasmo que esta cuestión provocó. El diálogo nacional es un mito, y el país carece de horizontes en estos momentos. Quien insista en decir lo contrario, y recite la consabida lista de "éxitos" alcanzados, es un necio. Todo esto, a la sombra de una sociedad indiferente e inactiva, que se cruza de brazos mientras los políticos dejan todo en ruinas.
Pero de nada sirve ahora el análisis de los observadores, quienes pasan a ser algo muy parecido al médico forense, que busca verdades en las entrañas de un cadáver. Lo que valen son las anotaciones de quienes puedan dar ideas para prevenir los males que se aproximan.
Aun así, vale la pena intentarlo una vez más. Hay que encender como sea la pira y marcar rumbos. Y hay que lograrlo desde la civilidad y la concertación, porque si no, cualquier antojadizo liderzuelo pudiese ganar aceptación y seguidores. Y entonces se confirmaría el mal terminal que nos aqueja: Panamá volvió atrás en la historia, perdió el rumbo y no supo aprender de sus heridas.
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PUNTO CRITICO |
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