La matanza de panameños por parte de militares norteamericanos y zonians, en enero del sesenta y cuatro, fue algo cruel e innecesario. Nunca la seguridad de los residentes de la Zona del Canal estuvo amenazada por los jóvenes institutores que quisieron izar allí nuestras banderas.
Ante esta barbarie, se pensará que se desató por años una ola de odio hacia todo lo que oliera a norteamericano en Panamá, Eso no fue así.
Es más, durante los hechos lamentables ocurrieron incidentes de un tremendo sentido humano. Varios panameños demostramos que estábamos por encima de la politiquería de Estados Unidos y Panamá. Solamente importaba el ser humano, aunque fuera rubio y de ojos azules.
Una señora logró que su esposo periodista no fuera a la 5 de Mayo los días de lucha, poniéndole su mano en su abultado vientre.
La dama (ya fallecida), estaba embarazada en su texto más. le decía al esposo: "siente a tu hijo; él es tu lucha soberana en estos momentos...¡no permitas que nazca huérfano!
Yo fui esa persona y por eso no estuve en la línea de fuego. En marzo nacía mi primera hija... y tenía padre.
Días antes habían llegado unos vecinos gringos al sitio donde vivía. Era una pareja joven con una niña. Ante la matanza, ellos tuvieron que ocultarse. Yo les llevaba comida y hacía sus llamadas.
Horas más tarde vinieron militares de Estados Unidos a buscarlos. Recuerdo que el soldado gringo me decía que "no comprendía cómo un ejército disparaba contra un pueblo civil".
Pero no todos pensaban así. Residentes jóvenes de San Francisco de la Caleta salieron a quemar autos con placa norteamericana. También agredieron a cuanta persona pareciera gringa.
Recuerdo un santeño fulo llorando porque le confundieron con gringo y le pegaron... Yo tenía dos primas casadas con soldados de Estados Unidos. Uno de ellos en Colón relató después, cómo francotiradores panameños tumbaron a dos de sus compañeros de fila.
No podía odiar a todos los norteamericanos. Ellos eran seres humanos y no tenían que ver con la política abusiva de su país.
Momentos amargos vivieron algunas panameñas casadas con soldados gringos, pues sus familias las repudiaron.
A cuarenta y un años de la matanza... estoy contento porque prevaleció en muchos el sentido humano, y no el de la bestia sedienta de venganza.