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Buzón de los lectores

Redacción | Crítica en Línea

Han pasado veinte años
Por René Hernández González
Periodista

Nació el cinco de febrero de 1901, en un caserío llamado la Laguna de Los Hernández, municipio de Condega, departamento de Estelí, Nicaragua. Cuando joven observaba cómo sus amigos se enlistaban, sea por voluntad u obligados, a formar parte de las brigadas de Augusto César Sandindo.

Con más de veinte años a cuestas huyó de su tierra. Aprovechando el éxodo de nicaragüenses, se introdujo en un barco de una empresa bananera. No tenía ni siquiera para pagar el pasaje. Se puso de acuerdo con una dama; en los momentos de la revisión y cobro, se ocultó debajo de las grandes naguas que vestía aquella.

Los ingresos apenas daban para comer, aunque en tiempos difíciles sus hijos, que eran trece, comían de manera intermitente. Delfina, Máxima, Edivia, Toño, Analís, Abdiel, Felipe, Belkis, Liriola, Mariela, Martín, Magola y este servidor, fuimos testigos de sus sacrificios de sus desvelos. Claro, no podemos soslayar, la inmensa y positiva influencia de su compañera nuestra madre querida, Fidelina González Cabrera.

Ante la estrechez financiera ella se propuso el camino de la educación. Su esposo sin saber leer y ella con una preparación de primaria, buscó la ruta más larga, pero que al final le daría los frutos necesarios.

Una vez recuerdo que íbamos tan cansados por el peso que llevábamos, que se me olvidó su condición de analfabeta; adelante había un letrero que decía, peligro, hueco en excavación; como mi padre no alcanzó a verlo por el obstáculo de lo que llevaba en hombros, cayó y ya ustedes se imaginarán.

Después de retornar de mi viaje a Nicaragua, en agosto de 1986, mi padre cayó enfermo. El cáncer en la próstata estaba avanzado; como muchos adultos mayores, sufrió en silencio la angustia de orinar forzado; no quiso molestar y cuando el malestar arreció, fue demasiado tarde. Fueron casi dos años de penurias, pero se fue con la satisfacción de escuchar a los que había dejado en La Laguna de Los Hernández. Se puso en contacto con su hija Delfina, quien vive en Los Ángeles, Estados Unidos.

Un 17 de diciembre de 1987, en plena crisis política partió de este mundo. Se fue con la paz que vivió en sus últimos veinte. Vio la grandeza de Dios reflejada en sus hijos; todos profesionales y lo más importante fue que a la hora de partir le dijo a mi madre: “Fide, me voy con Cristo Jesús; allá te espero a ti y a nuestros hijos”.

(El autor fue Secretario de Prensa de la Presidencia de la República )



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