¿Le cuesta reconocer en una imagen un sitio en el que ha estado antes por más que se fije? ¿Es un mal fisonomista? No se preocupe, no es culpa suya, sino de sus genes. Una investigación acaba de determinar que los circuitos cerebrales encargados de reconocer las caras y los lugares están en gran parte determinados por la genética.
El estudio que ha llegado a este descubrimiento -y que supone la primera evidencia sobre el importante papel que juegan los genes en esta cuestión- se hizo con 24 parejas de hermanos gemelos, de los cuales 13 eran monocigóticos (gemelos idénticos) y 11 dicigóticos (de óvulos diferentes).
Mediante imágenes de resonancia magnética, los autores observaron la actividad neuronal y las regiones cerebrales que se activaban en todos los participantes ante distintos estímulos visuales -caras, lugares, palabras y sillas-. De esta forma, vieron que ante los dos primeros estímulos, los patrones que seguía el cerebro presentaban muchas más similitudes en los gemelos idénticos que en el resto.
Estos resultados, que se publican en 'Journal of Neuroscience', "indican que la identificación de las caras y los espacios está parcialmente determinada por los genes", explica a elmundo.es Thad Polk, uno de los investigadores del departamento de psicología de la Universidad de Michigan (Estados Unidos), quien además también tiene un gemelo idéntico.
Por el contrario, esta similitud en los cerebros de los gemelos idénticos no se dio ante las imágenes de palabras y sillas, "lo que significa que en este caso los genes no son tan importantes".
"Por supuesto, que este hallazgo no implica que la experiencia no desempeñe también un papel a la hora de reconocer las caras y los lugares. Simplemente hemos demostrado que los genes tienen mucho que decir en este aspecto", añade Polk.
"Somos animales sociales que tenemos circuitos especializados para las caras y los lugares", afirma Arthur W. Toga, director del laboratorio de Neuroimagen de la Universidad de Los Ángeles. "Algunas personas tienen más facilidad para reconocer las caras y los lugares y este trabajo proporciona la evidencia que demuestra que esta facilidad se debe a la genética", concluye.