Quiero, en la primera entrega de este nuevo año 2008, responderle a la gran cantidad de amigos y desconocidos que constantemente me preguntan, en qué quedó lo del seguro obligatorio de automóviles. La verdad, lo que predije por escrito en los medios, las empresas aseguradoras que nunca han estado de acuerdo con esta modalidad de seguro, aunque afirmen lo contrario, ganaron su batalla. A un año de haber entrado en vigencia el Decreto Ejecutivo 640 de 27 de diciembre de 2006, que contiene el reglamento de tránsito de la República de Panamá, que en su artículo 236 establece la obligación para todo propietario de vehículos de mantener vigente un seguro de responsabilidad civil a favor de terceros, más del 60% de los vehículos que circulan en el territorio nacional circulan sin el mencionado contrato. Es decir, miles de panameños víctimas de los responsables de accidentes de tránsito, que sufren pérdidas en sus propiedades o en su integridad física, no son nunca indemnizados por los culpables.
Tan pronto conocimos la norma, advertimos públicamente a la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, aunque con perfecto conocimiento de que el error no fue involuntario, que la norma no contenía ningún tipo de sanción para quien la incumpliera, y que parte importante de la solución para lograr efectivamente la obligatoriedad, consistía en adicionar un literal al artículo 36 del mismo decreto, estableciendo como requisito para obtener la placa única de circulación vehicular, en los Municipios del país, la póliza de seguro obligatorio.
Lo que ha ocurrido tiene una explicación. El asesor de la Dirección de la ATTT, para la materia del seguro obligatorio es un asegurador que responde a los intereses de las empresas aseguradoras, y si las aseguradoras, hemos dicho, nunca han estado de acuerdo con esta modalidad de seguro por considerarlo no tan lucrativo como las otras modalidades de seguro privado, ese asesor se tiene que encargar de que de alguna manera, la intención del gobierno de implementar el seguro obligatorio no se haga realidad. Un silogismo sencillo. Espero haber satisfecho la inquietud de amigos y desconocidos que constantemente nos preguntan sobre la suerte del seguro obligatorio.
Finalmente quiero agregar que, como parte de la solución, sigue teniendo vigencia la idea de la creación de una empresa estatal de seguros. (El autor fue director de la ATTT)