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Peligros y tratamientos de la Parálisis de Bell

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Agencias Internacionales

ESTIMADO LECTOR: La parálisis de Bell es una enfermedad muy común en la que de repente los músculos de uno de los lados de la cara empiezan a debilitarse o a paralizarse debido a un problema derivado de los nervios que lo controlan. No se conoce la causa exacta que la provoca, pero existe una prueba casi definitiva de que el mismo virus que ocasiona las llagas produce la mayoría de los casos. La parálisis de Bell no supone una amenaza mortal, y la mayoría de los enfermos se recuperan totalmente, o casi completamente, en cuestión de unos pocos meses.

La enfermedad, que ataca a casi una de cada 5,000 personas anualmente, es el principal tipo de parálisis facial. (En términos de una vida, el riesgo que cada persona tiene de padecer una parálisis facial es de uno a 65.)

Los síntomas de la parálisis de Bell-como el decaimiento facial y la incapacidad para cerrar un ojo, comienzan por lo general a hacerse perceptibles en un período que oscila entre las 24 a las 48 horas y normalmente disminuyen en un plazo de uno a cinco días. En más del 99% de las ocasiones, sólo resulta afectado un lado de la cara.

La parálisis de Bell tiene lugar cuando la función de los músculos que animan la cara queda reducida o desaparece a consecuencia de un ataque desconocido al séptimo nervio craneal, responsable del control de esos músculos. Dichos nervios faciales controlan las expresiones del rostro, las glándulas salivares y las lacrimales así como el movimiento del estribo, el pequeño hueso del oído medio.

El nervio también transmite las señales del gusto desde la lengua. Como el nervio controla muchas funciones, la parálisis de Bell puede provocar irritación en la nariz, sequedad en los ojos e irregularidades en el gusto, entumecimiento facial y dolor de leve a moderado en, o detrás, del oído. Este dolor suele preceder en un día o dos a la debilidad muscular.

El anatomista y cirujano escocés Charles Bell fue quien primero describió las características de este tipo de parálisis hace más de un siglo. Como la naturaleza del daño subyacente del nervio no ha sido determinada con precisión, la parálisis de Bell también es conocida como parálisis facial idiopática, esto es, de origen desconocido.

Sin embargo, hay muchas pruebas que demuestran que el virus del herpes simplex tipo I causa de hecho cerca del 70% de los casos de parálisis facial diagnosticados como parálisis de Bell. Es conocido que el herpes zoster, un virus similar que causa la varicela y las culebrinas, es el causante de otra forma de parálisis facial de un solo lado, llamado el síndrome de Ramsay Hunt. La diagnosis de la parálisis de Bell sólo debe efectuarse tras descartar el síndrome de Ramsay Hunt, así como otras posibles causas de parálisis facial, tales como un tumor, una infección bacterial, la enfermedad de Lyme y el SIDA. Para excluir dichas posibilidades se necesita estudiar con sumo cuidado el historial médico del paciente, un examen físico meticuloso y, en algunos caos, pruebas con monitores así como otro tipo de pruebas clínicas. Un diagnóstico que no sea la parálisis de Bell puede darse en caso de que la parálisis afecte a ambos lados de la cara, haya pérdidas auditivas, aparezcan ampollas en la piel, en el conducto auditivo, o en los músculos del cuello. También es poco probable que dicho cuadro de síntomas se corresponda con la parálisis de Bell si la parte superior de la parte afectada quede inutilizada o los síntomas se desarrollen paulatinamente o tras un trauma.

El médico danés Erik Peitersen clarificó el curso natural de la parálisis de Bell. Tras hacer un seguimiento a más de 1,000 enfermos sin tratar, descubrió que todos ellos mejoraron por sí mismos. La mayoría de los pacientes empezaron a recuperar las funciones musculares en tres semanas y el 84% las recuperó totalmente, o casi por completo. Las observaciones del doctor Peitersen fueron publicadas por la revista especializada.

Debido a que lo normal es que la recuperación se produzca de manera espontánea, debe reconsiderarse un diagnóstico de parálisis de Bell si los síntomas no mejoran en un período de tiempo que oscila entre las tres y las seis semanas o si no han desaparecido por completo al cabo de seis meses. La disminución de lagrimeo y/o en la capacidad para parpadear hace que los ojos sean más vulnerables a cualquier afección. Para disminuir el riesgo de tales complicaciones, los enfermos de parálisis de Bell deben administrarse gotas oculares, usar gafas protectoras y/o ayudarse de las manos para parpadear a fin de distribuir correctamente la humedad.

 

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