Domingo 30 de diciembre de 2001

 

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  OPINION

EDITORIAL
Asesinos de niños

Esta semana fueron asesinados dos niños en el barrio de El Chorrillo, lo que pone de manifiesto la creciente violencia que existe en nuestras calles. Banda de niños asesinos irrumpen en cualquier fiesta y descargan sus armas contra cualquiera. Las víctimas eran niños que apenas comenzaban la vida. Tenían todo el futuro por delante y las balas de sicarios infantiles los acabó y han llevado luto a hogares humildes.

Esta violencia que se manifiesta en las calles de El Chorrillo, Barraza, Curundú y otros barrios populares, se incrementa frente a las narices de las propias autoridades y de la comunidad, que muchas veces es cómplice por no denunciar a los responsables de los hechos criminales. Los propios padres de familia a veces son responsables de la delincuencia que impera en las calles. Permiten que sus hijos lleven armas a casa, no indagan cuando éstos llevan dinero excesivo sin contar con un trabajo y permiten que los menores permanezcan fuera del hogar hasta altas horas de la noche.

Sumado a esto, las autoridades de la Policía no realizan una adecuada labor de prevención de los delitos. En horas de la noche no se observa a los uniformados patrullando las llamadas zonas rojas o calientes de la ciudad; y a veces los agentes tienen miedo de realizar pesquisas en algunos puntos de la capital como Barraza y Curundú, lo que hace que esos sectores se conviertan en tierra de nadie. Todo esto hace que Panamá se convierta en los últimos años en un país donde la violencia se incrementa cada año. Cada día se reportan hechos de sangre, que antes eran poco comunes en nuestro país, pero que hoy se registran casi cotidianamente.

Informes confiables revelan que la tasa de homicidios en Panamá se ha quintuplicado en los últimos 20 años. Aunque si bien es cierto las cifras no son tan alarmantes como en países vecinos como Colombia, la situación nos debe llamar a reflexionar. Aparte de los menores asesinos, también se ha registrado este año una ola de suicidios. Todo esto sin duda forma parte de la descomposición familiar y por ende de toda la sociedad.

Si un padre observa que su hijo que no tiene trabajo llega con un vehículo último modelo, tiene un revólver y maneja dinero en grandes cantidades, debe preguntar qué sucede. El problema es que muchos padres se convierten en alcahuetes de esas situaciones, porque se benefician de los dineros mal habidos de sus hijos.

Mientras los padres no mantengan una adecuada vigilancia de sus hijos, y les enseñen buenas costumbres y a respetar la vida de sus semejantes, el problema de la violencia se mantendrá. Los jóvenes deben entender que nacemos para la paz, pero la violencia que existe es impresionante. ¿Por qué nos matamos entre hermanos?

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