Esta vez no fracasaríamos, nos dijimos mi hermano Orlando y yo en voz baja. Estábamos preparándonos para una aventura importante: descubrir al Niño Dios o Santa Claus cuando nos ponía los juguetes.
El año anterior lo habíamos intentado... pero ¡fracasamos! Pudo más el sueño que nuestra voluntad de descubrir ese hermoso secreto.
Sabíamos que otros niños también lo intentarían. Eran muchos los que tenían la misma idea que nosotros. Es que ese misterio había que aclararlo para vivir en paz nuestros años de niños.
No entendíamos cómo podía alguien distribuir tantos juguetes en sólo una noche... ¡sin que nadie lo viera!
¿Y por qué recordaba tantas casas?
Cuando le indicamos a nuestros padres que la casa no tenía chimenea, nos dijeron que Santa sabría como dejar los regalos.
Como sucedió a miles de niños en todo el mundo, no pudimos evitar el sueño... ¡y nos dormimos!
Al amanecer estábamos algo molestos por fracasar en nuestra aventura navideña. Pero al ver los regalos en la sala, se nos olvidó pronto lo ocurrido...y fuimos a disfrutar lo que nos trajeron.
Claro que nunca venían todos los juguetes de las largas listas que se hacían. Bueno, eso era lógico con tantos niños que hay en el mundo, nos decíamos algo tristones.
La niñez es tener sueños. Los niños a veces no pueden entender hasta dónde llega la realidad y la fantasía.
Y eso es hermoso, pues llena nuestras mentes de sueños, magia y alegría.
A los padres les aconsejo que no maten tan temprano la ilusión del Niño Dios y Santa Claus.
Algunas madres que pasan los cuarenta recuerdan con una sonrisa la ansiosa espera navideña.
La vida es muchas veces difícil de comprender. Los años se encargarán de presentarle la realidad a esos niños que se desvelan esperando a Santa Claus.
En Panamá en los últimos días han sucedido hechos lamentables, que amargarán las navidades a muchas personas.
Por ejemplo, la tragedia de las medicinas envenenadas del Seguro. Comprendemos que estas navidades serán amargas para los familiares, de quienes fallecieron por la irresponsabilidad de unos cuantos.
También se comprende el dolor que tendrán este año los familiares de los fallecidos en el incendio del bus.
Y por supuesto unas navidades aguadas tendrán los damnificados de las inundaciones de noviembre.
Pero de todos modos, ante estas tragedias tengamos un rayito de alegría para que esos niños no sientan que han sido olvidados por el Niño Dios y Santa Claus este año.