Los panameños vivimos un período de alegría y regocijo, pero también de reflexión al acercarse la Navidad. Es una temporada de consumo, es cierto, de gastos en festejos, adornos de las casas, arbolitos, nacimientos y todas las actividades propias de la época, pero también de responsabilidad y mesura.
En otros países de nuestro continente, es difícil encontrar a ciudadanos con tanta euforia como nosotros. Los días de compra son de fiesta y los del arreglo de nuestras viviendas también los volvemos entretenidos con una actitud que permanece vigente al recibir el año nuevo. Este es un período especial para expresar nuestros sentimientos por el prójimo.
Esta cultura de desprendimiento solidario debemos reforzarla para poder crear un ambiente que favorezca a aquellos panameños que viven en la pobreza y la marginación y que cada año disfrutan, por pocos días, del mundo de los sueños y la fantasía.
Compartir lo que tenemos es un gesto de nobleza que nos gratifica y nos llena de satisfacciones. De él recibimos el estímulo necesario para alcanzar las metas establecidas. La salud, el buen camino de nuestros hijos y de nuestros familiares y el propio.
Hay cosas importantes que pedir a Dios y una de ellas es que derrame sus bendiciones sobre nuestro país para resolver una cadena de situaciones que han afectado a la colectividad en sectores como la seguridad social y pública, el transporte, la educación y la mejor distribución de la riqueza.
Una de las más trascendentales es la educación. Se requiere de una reforma sustancial del sistema porque los jóvenes graduandos que por esta época abundan se enfrentarán a un mundo competitivo sin muchas posibilidades en el mercado laboral
Esta es una época de reafirmación de la fe cristiana que constituye la base de nuestras creencias y valores morales, que en estos momentos son más importantes que nunca para poder reforzar las bases de la sociedad.
Es momento propicio para pensar que el sistema democrático, vulnerado por los políticos en general, debe ser reforzado para devolver la credibilidad al ciudadano.
Debemos pedir a Dios paciencia y madurez para que la desesperación no se apodere de nosotros y evitar así caer en modelos de autoritarismo que podrían conducirnos a situaciones lamentables.
Debemos amar a Dios que nos ha otorgado el don de la vida y también estar conscientes de que en este mundo tan complejo, de terrorismo, de muertes, de guerras y amenazas de enfrentamientos, tan solo el Salvador tiene la respuesta. Bienvenido Niño Jesús en estas fiestas y por favor, no te vayas de Panamá.