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Hay mucho tiempo, espacio y diferencia entre las dos muertes. Pero existe una similitud muy grande: Los dos crueles degollamientos provocaron cambios en la historia. El primero tuvo mucha influencia con el posterior desmoronamiento de la República romana, luego del desestabilizador triunvirato de Craso, Julio César y Pompeyo (este último decapitado) y el segundo con la demolición de la dictadura militar en Panamá.
Aún recuerdo el candente mediodía en que Hugo Spadafora nos fue a buscar a la Hojalatería Panamá, porque tenía todo listo, para que yo renunciase a mi puesto, aceptase una Subdirección en el Minsalud, y me fuera para Nicaragua, a combatir, pues según él, contábamos con todos los requisitos de un buen revolucionario: "Estudiao", Jorasquín del monte, valiente y revolucionario.
En la mente de muchos panameños permanece como una migraña endémica, el recuerdo de ese asesinato cobarde y subyace más en los sueños de un número plural de legisladores que dicen ser torrijistas y que saben que Hugo fue amigo muy admirado por el finado Torrijos, supuestamente también asesinado.
Existen legisladores con buenos, regulares y malísimos desempeños en las dos bancadas. Pero hay dos cosas que distinguen a casi todos los diputados, sean estos mudos o activos, como atributos heredados por Dios: Alma y Escrúpulo. |