Son 17 años que hemos vivido sin la bota militar. Algunos panameños recuerdan como si fuera ayer el sonido de las metrallas y la bombas que caían el 20 de diciembre de 1989 sobre el cuartel central de las Fuerzas de Defensa. De todas las historias que se pueden contar, cada familia tendrá su vivencia.
La invasión norteamericana hace recordar muchas cosas: muertos, dictadura, saqueos, caos, toque de queda, en fin, un sinnúmero de situaciones vividas por todos los panameños vistas desde el prisma familiar.
No hay que negar que haber recuperado la libertad tuvo un costo de vidas muy importante, cifra que desafortunadamente aún se mantiene en un verdadero secreto.
Los 17 años han pasado tan rápido que ya se está hablando de la salida -para el próximo año- de Manuel Antonio Noriega, quien asegura estar arrepentido de todo lo que hizo.
Diciembre de 1989 se convirtió en el mes cero. Hubo que fortalecer las estructuras de una democracia incipiente que a penas abría sus ojos y que hoy puede ver con claridad un panorama lleno de progreso, pintado con el esfuerzo de todos los panameños que aprietan con el puño una nación llamada Panamá.
La época de la dictadura quedó en el pasado. Ahora los problemas fundamentales son el desempleo y la corrupción que impera en el sector oficial y en el resto de la sociedad.
Las relaciones con Estados Unidos son diferentes a las imperantes antes de la invasión. La cordialidad parece ser la tónica ahora, al punto que ya se consolidó el Tratado de Libre Comercio con la nación más poderosa del planeta.
A pesar de los avances, por siempre el 20 de diciembre será una fecha triste para aquellos que perdieron a un ser querido en los sucesos que se dieron en 1989.