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Cuentan los abuelos que en el tiempo de antes la amabilidad y el decoro eran las normas a seguir en la sociedad. Los caballeros, que usaban sombrero, se lo quitaban cuando pasaban frente a una dama. Se hablaba en voz muy baja, y a los ancianos se les prodigaba un tratamiento especial.
La cortesía era la carta de presentación de la mayoría de las personas de bien, e incluso urbanidad era una materia que se estudiaba en las escuelas primarias y secundarias.
Como vemos, los abuelos son testigos de tiempos cuando era importante conducirse adecuadamente en sociedad, y cuando el respeto hacia los otros era algo muy importante para todos.
Hoy los tiempos han cambiado dramáticamente. Los muchachos miran a los adultos con insolencia y en la primera oportunidad les gritan a sus mayores, y hasta usan palabrotas cuando los quieren ofender. ¡Porque la ofensa es hoy algo muy común entre la gente, y más entre los jóvenes!
Lo triste de esta situación es que nadie dice ni hace nada. El ministerio de Educación no da señales de volver a los tiempos de las clases de urbanidad en las aulas. Los clubes cívicos, las iglesias, las organizaciones de padres de familia y hasta los gremios de jubilados debieran preocuparse por esta situación. Si no hacemos algo pronto, nuestra sociedad se destruirá porque sus integrantes se tornarán en enemigos y atacantes. |