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REFLEXIONES
"Y pasaron los cien días..."

Carlos Christian Sánchez C.
Relacionista Internacional
Mientras la Doña viajaba hacia Argentina, sus conspicuos asesores presidenciales preparaban el "video récord" del discurso evaluativo de los primeros Cien Días del Gobierno Arnulfista. Ya yo me imaginaba lo que diría el contenido del mismo. No hay que ser "Nostradamus", o un profeta, para suponer que las dos terceras partes del monólogo, le echarían la culpa a la pasada administración gubernamental del "Toro", que eso impidió desarrollar las promesas de empleo, salud y vivienda, que la "Sala Quinta" fue un enredo, además que las protestas de los obreros facinerosos asustaron a los inversionistas extranjeros. Palabras y palabras. De seguro, en esta semana los defensores del Gobierno Arnulfista dirán que tres meses y medio no son suficientes para concretar los proyectos nacionales, frente a las necesidades del pueblo. Pero, los políticos panameños han instaurado un periodo de gracia, con el fin de evaluar la forma de actuar del Presidente de turno. Que hemos visto: persecuciones a los opositores al Arnulfismo, división dentro de la malograda "Alianza Parlamentaria" de los panameñistas y la Democracia Cristiana, revanchismo ideológico en el tema económico, la subida indiscriminada de los aranceles del sector agrícola sin prevenir las repercusiones de los productores de vegetales y ganaderos en los precios de los alimentos, etcétera, etc. Pero lo gracioso del asunto de los Cien Días, fue la trama que hoy viven los gobernantes de turno, con el tema de posibles negociaciones secretas, para dar facilidades de espionaje estratégico a los Estados Unidos de América, por medio del supuesto "Plan de Seguridad panameño". Tanto le criticaron al "Toro" por negociar en la oscuridad el C.M.A., y los ministros de la Doña terminaron haciendo lo mismo que su predecesor chiricano-nicaragüense. El "Paquetazo" del nuevo plan es un programa defensivo que sólo trata de obligar al Estado panameño a proteger el Canal Interoceánico y la frontera con Colombia; se enfila hacia la remilitarización de las fuerzas policiales nacionales; crea pautas para hacer fuerte a la agencia presidencial de custodia, en el Palacio de las Garzas; incluso, utiliza los sitios solicitados por los "Halcones del Pentágono", para ubicar allí una especie de "C.M.A. disimulado". Y dicen llamarse "nacionalistas". El "Fufo" debe estar revolcándose en su tumba del Jardín de Paz. Por otro lado, el Gobierno Arnulfista ha cometido ciertos errores en el manejo de la cosa pública. No resuelve el tema del segundo puente sobre el Canal, evita la privatización del I.D.A.A.N. pero hace una ley que no genera alternativas para solucionar el tratamiento de las aguas servidas, el saneamiento de la Bahía de Panamá y la extensión de la distribución a los lugares apartados del país. Tampoco vemos a una Señora Mireya Moscoso, con carácter fuerte hacia los abusos de las empresas privatizadas, en especial las entidades que tratan de imponer elevados costos en la electricidad. No motivan ni presiona el Ente Regulador para que castiguen a dichas empresas, además de otros "monopolios ocultos", para que no exploten al panameño común, ahora que la nación entra en un nuevo milenio. Bueno, todavía faltan cuatro años y ocho meses para que los arnulfistas busquen salvar las dudas de sus compatriotas. Tienen la gran oportunidad de generar miles de empleos, además de billones de dólares, con la industrialización y transformación de las áreas revertidas. El turismo surge en las zonas ecológicas que rodean la vía acuática istmeña, mientras que el Canal panameño puede dar otras facilidades a sus usuarios, como la reparación de los barcos, vender servicios y demás productos nacionales a sus tripulaciones. Este 31 de diciembre, al mediodía, la Doña presenciará el sueño de toda una generación de panameños: Lograr la completa soberanía en el Istmo. Ojalá no se pierda esta gran oportunidad de convertir nuestro país en un país desarrollado, que proteja a sus ciudadanos, en este mundo cambiante dominado por el capitalismo salvaje y el poder de las transnacionales.
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