MENSAJE
Pirañas que devoran
- Hermano Pablo
- Costa Mesa, California
A veces la prensa internacional
nos trae noticias muy raras. Daniel Torrijos, banquero boliviano, había
ido de vacaciones a Sao Paulo, Brasil. Todo había resultado bien:
las vacaciones habían sido buenas, Sao Paulo había sido encantadora,
y Daniel y su familia estaban felices.
Un amigo suyo, médico que tenía a su cargo un laboratorio
en Bolivia, le había encargado unas pirañas. Al regreso a
su patria con el cargamento de pirañas, en el último hotel
de la frontera todo le resultó mal. La comida estaba desabrida, la
cama dura, y la atención descortés.
Siendo de temperamento violento, y no pudiendo soportar tantas contrariedades,
aquel médico se desquitó volcando el tanque de doscientas
pirañas en la piscina del hotel. La piraña está demás
decirlo, tiene una voracidad increíble. Y posee unos dientes filosos
con que desgarra cualquier cosa. Cuando un cardumen de pirañas ataca,
en pocos minutos deja el esqueleto nada más. No fue liviana la venganza
del banquero. Afortunadamente, aunque algunos bañistas fueron mordidos,
todos pudieron escapar con vida.
Yo no puedo menos que pensar, hieren y destruyen. Entre ellas sobresalen
la calumnia, el chisme, la difamación. Estas son pirañas capaces
de agarrar una comunidad cualquiera y en poco tiempo dejar los huesos pelados.
Pueden destruir toda confianza y toda credibilidad, como también
todo compañerismo, toda amistad.
Otras pirañas que devoran y destruyen son las palabras ofensivas.
Los psicólogos advierten que el daño que las ofensas producen
en la mente y en el alma de las personas, especialmente de los niños
-y peor todavía si son los nuestros-, es muchas veces irreversible.
Es un daño que no se puede corregir.
El apóstol Pablo aconsejó: "Eviten toda conversación
obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación
y sean de bendición para quienes escuchan" (Efesios 4:29).
Jesucristo nos dio a conocer la causa de este mal cuando dijo: "De
la abundancia del corazón habla la boca" (Mateo 12:34). Si hemos
estado destruyendo el alma de nuestros amigos o de nuestra familia con palabras
descuidadas, pidámosle a Dios un corazón nuevo. El cambia
el corazón, y con eso limpia la mente, purifica el pensamiento y
ennoblece el habla. El quiere darnos un corazón nuevo ahora mismo.


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