 |
Este restaurante no cumplía requisitos del MINSA.  |
Por evidentes signos de insalubridad y maltrato verbal tanto a las autoridades, empleados y hasta con los clientes, funcionarios del Ministerio de Salud (MINSA) apoyados por la Policía Nacional, procedieron este viernes a la clausura de operaciones de un restaurante en la ciudad de Changuinola.
El local situado en la avenida 17 de abril de la ciudad de Changuinola fue alquilado hace aproximadamente dos meses y medio por el propietario, a un asiático de nombre Lin Si Kiu de aproximadamente 40 años.
Al asiático se le había advertido en reiteradas ocasiones que no estaba cumpliendo con los requisitos del MINSA para poder operar restaurantes, cosa que le entraba por un oído y salía por el otro, ante tal actitud y por la reincidencia, éste fue sancionado con una multa de la cual no se especificó el monto.
No es la primera vez que los funcionarios del Departamento de Alimentos y Salud Ambiental han tenido problemas con el personaje, pues en meses anteriores también se le sancionó, cuando en el Super 77 que tenía en la ciudad portuaria de Almirante, iguales prácticas irregulares fueron detectadas.
Al momento de la llegada de las autoridades, Lin Si, prefirió seguir viendo televisión a todo volumen siendo casi obligado a que pusiera atención, dijo, que no entendía español pero sacó una cédula que lo certifica como más panameño que algunos campesinos, que por no tener unos dólares, no pueden viajar hasta las oficinas de Cedulación.
Al rato y claramente molesto, habló español diciendo toda clase de vulgaridades. La inspección del lugar incluyó el depósito de alimentos y utensilios detectándose, todo tirado, mal oliente y hasta huevos de cucarachas debajo de los platos de servir sopa.
Leída la resolución por el director encargado de la Regional del MINSA, Darril Pádmor, se solicitaron los candados y frente a la negativa del asiático, el propietario del local se hizo presente proporcionando lo solicitado.
Cerrado los candados, previo aviso que de ser violados significa hasta cárcel, y bajo la mirada conforme de los transeúntes, los funcionarios se retiraron, el asiático quedó rabiando y el propietario a lo mejor pensando que habían demorado demasiado en quitarle ese dolor de cabeza. |