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En estos días, la atención del mundo está centrada en Irak -con toda razón- porque enfrentamos una grave crisis allá, con la posibilidad de otra gran guerra en una región que ya ha visto muchas guerras. Hay aún esperanza de una solución pacífica si Irak cumple con sus obligaciones de acuerdo a las resoluciones del Consejo de Seguridad. A los equipos de inspección se les debe dar todo el acceso y las facilidades que necesitan para verificar la exactitud y totalidad de la declaración que Irak ha remitido el último fin de semana y para asegurar que cualquier arma de destrucción masiva que quedara sea destruida.
Entretanto, debido a las sanciones, más de 25 millones de iraquíes están dependiendo de provisiones enviadas por las Naciones Unidas conforme el programa Petróleo por Alimentos continúa.
Todo el mundo debe aguardar la esperanza de ver a los iraquíes librados de esa necesidad -libres de sanciones, de la amenaza de la guerra y de la opresión. Pero eso solamente puede suceder cuando el trabajo de desarme finalice y se vea claramente que ha sido completado.
Nuestras esperanzas para los iraquíes deben ser las mismas que las que aspiramos para cualquier otro país. Queremos verlos disfrutar de los derechos y oportunidades de nuestra era - libres para opinar, criar a sus hijos y cumplir sus sueños. Mientras tanto, no olvidemos a los muchos otros lugares del mundo donde la paz y la seguridad están amenazadas.
Cuando pienso en las víctimas de los conflictos de hoy en día, pienso primero en mis compatriotas africanos, muchos de los cuales están sufriendo los efectos de la guerra en momentos en que también tienen que hacer frente a la arremetida de la hambruna y del VIH/SIDA. Pienso asimismo en los israelíes y palestinos, atrapados en un ciclo mutuamente destructivo de odio y desconfianza. Y hay muchas, muchas otras naciones volátiles -desde Cachemira hasta Colombia, desde Nepal hasta Somalia- que Naciones Unidas sigue ansiosamente porque los pueblos están sufriendo y porque las hostilidades pueden escalar en cualquier momento.
Aún mientras enfrentamos la crisis en Irak y en cualquier parte, no perdamos de vista esta amplia lucha, la lucha por un mundo donde ningún niño se vaya a la cama con hambre y donde todos los niños tengan agua potable para beber. |