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A partir de septiembre de 1999, en este país hay un grupo de privilegiados, que por el hecho de haber recibido el voto en las pasadas elecciones y haber sido designados por la actual Presidenta de la República en altos puestos dentro del gobierno, se consideran los dueños del país.
Uno de ellos es el ministro de Obras Públicas, Ing. Víctor Juliao G., quien consume toda su energía en el cargo para hablar y hacer artículos para los medios de comunicación, en vez de dedicarse a dirigir con eficiencia el Ministerio a su cargo. En Panamá, hablar del Ministerio de Obras Públicas, es sinónimo de mal liderazgo, de improductividad, altos costos de operación, desaprovechamiento de los recursos, burocracia excesiva, injusticia, incertidumbre, indiferencia, pasividad, estancamiento y subdesarrollo.
Cuando uno habla con un funcionario del Ministerio de Obras Públicas, sus quejas se basan en el bajo nivel de calificación, que según el cargo que desempeñan, tienen los jefes designados por el actual Ministro, lo cual es notable cuando mayor es la jerarquía dentro de la institución.
Esto ocasiona de manera frecuente errores que obligan a rehacer los trabajos, largas esperas en la utilización de equipos, lo que mantiene personal desocupado, se trabaja a un ritmo lento e inaceptable, acompañado todo esto con procedimientos burocráticos que sólo buscan jerarquizar los altos puestos. |