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Milciades Ortíz | Catedrático

El niño se despertó con entusiasmo y curiosidad. Corriendo descalzo fue a buscar los regalos que le traería Santa Claus. Miró con los ojos abiertos buscando su pedido principal: una hermosa bicicleta. Pero no la encontró debajo del árbol ni por ningún rincón de la casa.

Acudió a su madre para que le explicara lo ocurrido. La buena señora tragando saliva trató de dar una explicación sencilla para el niño, aunque fuera alejada de la verdad.

"Es que Santa Claus se olvidó de tu pedido y no te dejó la bicicleta", señaló algo triste. La verdad era otra: no había en la familia suficiente dinero para adquirir ese regalo.

En otra vivienda la excusa fue distinta: "Lo que pasa es que este año Santa está pobre y por eso no te consiguió lo que querías".

El niño no quedó convencido porque realmente no entendía eso de "pobre" a sus seis años.

A Juanito la excusa que le dieron lo afectó emocionalmente. Su madre pensó de buena fe que así evitaría los reclamos del niño porque no pudo conseguir su juguete.

"Es que este año te portastes un poco mal y por eso Santa Claus no te trajo todos los juguetes que pedistes", señaló seria.

Jugando con sus amiguitos, le contó lo que dijo su madre. Ellos comenzaron a burlarse de él gritándole "malo", "malo", por malo no te trajeron tu juguete".

A veces los padres dan la excusa que Santa se "equivocó" de dirección y por eso no trajo el juguete que deseaba el niño.

Entendemos que los padre no quieran decirle a los niños la realidad familiar: no hay dinero suficiente para adquirir ese juguete.

Considero que los padres pueden decir las cosas mejor en ese delicado asunto navideño.

Antes de veinticinco podría conversar con el hijo y manifestarle que "hay muchos niños en el mundo que quieren el mismo juguete y puede ocurrir que el suyo no lo reciba".

Recuerdo una vez a un chiquillo que gritaba que su vecino tenía la bicicleta que era para él y que "Santa se había equivocado de casa y se la dejó al otro".

Fue difícil convencerlo que no era así.

Se debe tener cuidado con el argumento de que "se portó mal en el año". Claro que hay que corregir la mala conducta de un niño, pero hacerle creer que por eso no recibió su juguete preferido no es aconsejable.

Y por supuesto que es bonito mantener la magia de las navidades en los niños, con el Niño Dios, Santa Claus, etc.



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