Cuando se está pequeño se hace hasta lo imposible por lograr que los padres nos compren un barquillo, una paleta o un batido de helado, aunque a algunos con el paso de los años se le va quitando ese gusto por el sabroso postre cremoso.
Y son precisamente las mujeres quienes se abstienen de degustar el rico helado, sobre todo porque dicen que figura entre los productos que engordan.
Sin embargo, un estudio revela que esta creencia es solo eso, ya que se ha comprobado que el mismo puede incluirse en una dieta diaria, pero si se come de forma moderada.
Afirman los expertos que en una dieta saludable, el helado puede llegar a ser una merienda adecuada. Ahora, debe ser sustitutivo de otro producto lácteo y no un alimento añadido al menú habitual.
Eso sí, en ningún caso debe desplazar a la fruta como postre por tener un sabor dulce, ni sustituir a otros alimentos básicos de la dieta. Ahora, el consumo de este alimento no es obligatorio, como la fruta o los vegetales.
Algunos helados poseen un contenido proteico "prácticamente nulo", no contienen grasa y apenas cuentan con elementos minerales, mientras que los fabricados a base de nata, leche y grasa no láctea, como la manteca o el helado de crema, poseen un valor energético que oscila entre 200 y 250 kilocalorías por cada 100 g de producto y suelen ser ricos en calcio.