Me propongo hacer resaltar el concepto de amor concebido por uno de los inolvidables prosistas panameños. Veamos su modo de llevar a cabo el tema. Yo descendí lleno de amor por la humanidad entregada al Dios Misericordioso.
Los astros que giran en el espacio, tienen un centro de atracción: el Sol.
Los seres que pueblan la naturaleza, tienen también un centro de atracción: ¡el amor!
El amor no es sentimiento pasajero, una ilusión de la muerte; es una fuerza magnética, un imán irresistible, que une y engrandece a la humanidad.
En la morada primitiva, nuestro primer padre con ojo indiferente, vio las flores de los campos y las estrellas del cielo.
Dios, hermanos, inspiró el amor; y al despertar del sueño de su fastidioso aislamiento, halló una mirada conque cambió su morada, y un corazón que hizo latir su corazón...
Desde entonces, la mujer, en la que se personifica el amor, ha llenado de esperanza al mundo, y de encantos los senderos de la vida.
La mujer, como madre, como amante, como compañera, nos protege con su amor en la infancia; embellece con la ilusión nuestra juventud; nos consuela y alienta cuando nuestros cabellos blanquean con la nieve de los años.
El amor nos pone en comunicación con Dios por el sentimiento y el espíritu, nos da la prueba más evidente de la inmortalidad del alma. La materia obra por instinto en el animal. En el hombre no. El amor obra en el espíritu y el espíritu se expande hasta lo infinito...
¡Desgraciados los que no aman! Para ellos no hay ilusión, ni luz, objeto ni estímulo en la vida; y solo tienen cansancio, desesperación y lágrimas.
"Amemos siempre más, dice Víctor Hugo, unámonos más cada día; los árboles crecen en follaje; que nuestra alma crezca en amor".