Con el mes de diciembre, también llegó la temporada de verano. Cielos claros y pocas lluvias advierten a los panameños que la estación seca se apoxima. Y como era de esperarse, algunos vecinos de las comunidades interioranas y en las afueras de la ciudad de Panamá han alertado que durante la noche, las humaderas y el olor a ceniza empieza de nuevo a sentirse en el ambiente, señal del inicio de las quemas
Los fuegos aislados de matorrales en los potreros y lotes baldíos se convierten en una mala práctica que amenaza a la comunidad, pero también aceleran el cambio climático.
Resulta desagradable ver en pleno día de verano nuestra atmósfera llena de hollín que asfixia, lo que acelera la contaminación y afecta a todos por igual.
Para los ambientalistas, además de las quemas, el humo que sale de los escapes de los autobuses y camiones han ahora provocado que se genere el denominado efecto invernadero. La ciudad de Panamá, en constante, pero desordenado crecimiento, es ahora también amenazada por los gases contaminantes que se ciernen sobre los habitantes de esta urbe.
Es hora que todos los panameños nos unamos para lidiar con el cambio climático, pues todo el mundo sabe que el hombre es el causante principal de la destrucción del medio ambiente.
El Instituto Smithsonian ha propuesto un proyecto que regule la quema de herbazales y cambiar los pastizales de "faraguas" por otro tipo de hierbas que ayuden a la productividad de la ganadería extensiva.
Hay que volver a insistir en la siembra de árboles, a los parques y promover la protección de las especies amenazadas por la depredación humana.