Un borrachín salió a arrancarse con sus amigos. La pasó en grande rodeado de mujeres y puro vacilón. LLegó muy calladito y el vivo cambió la hora del reloj de la recámara. Puso las 12:30 media noche. Cuando su esposa se dio cuenta que había llegado, el se quitaba la ropa y le pidió que le trajera un vaso con agua. Cuando su mujer fue a buscar el agua a la cocina se dio cuenta que no eran las 12:30 m.n. sino las 4:30 a.m. y le dijo: "Ernesto, son las 4:30 p.m., qué me tienes que decir". Te tardaste cuatro horas en traerme el agua, mujer de la porra. Ven acá para darte lo tuyo. El hombre se embestializó con su mujer y dio una guantera solo porque se había demorado con el agua, cuando en realidad quien se había tardado fue él.
Situaciones como la anterior suelen ocurrir casi a diario. Tal vez, en este momento el marido se esté peleando con su mujer sólo porque ésta le quitó el periódico.
Panamá es un mundo de sorpresas y bochinches. Se ha sabido de casos en que los maridos boxeadores le dan puñete limpio a sus mujeres y después ellas mismas inventan que se cayeron de la cama.
¿Masoquismo o miedo? Algunos especialistas en terapia familiar han coincidido en señalar que lastimosamente son las dos. Hay mujeres que les gusta recibir castigo, pero en su gran mayoría prefieren guardar silencio por temor a perder el único sustento que tienen para alimentarse ellas y sus hijos.
Si tu eres de esos que les gusta pegarle a las mujeres, debo decirte que has caído en un grave error. A las mujeres hay que tratarlas como vaso frágil. Ellas son como el pétalo de una rosa que espera por nosotros.
Por qué castigarla con puñetes. Hay que reemplazar la violencia por amor. Aprendamos a tirar a la basura esos sentimientos de odio que rodean y se posan sobre nuestras cabezas y que nos hacen llenarnos de ira cuando gritamos como endemoniados.