MENSAJE
La última voluntad

- Hermano Pablo,
- Costa Mesa, California
"Ese es mi último
deseo", dijo Anna Turrinelli de 68 años de edad. "Es la
última petición que le hago". Y el sacerdote de Génova,
Italia, salió a la calle a hacer lo que se le había pedido.
La anciana se moría. Quizás no pasaría de esa noche.
Cuál era su deseo? Que se le hallara un esposo. "Quiero tener
un esposo que me llore cuando muera -había dicho Anna-. Le pagaré
diez mil dólares al que acepte casarse conmigo. Pero él no
ha de saberlo sino hasta después de que y parta de esta vida".
El sacerdote encontró a Antonio Pulacci de 38 años de edad,
y Pulacci se casó con Anna. A las seis horas de realizada la ceremonia,
la anciana murió, y Pulacci, un hombre pobre y sin trabajo, de repente
era dueño de diez mil dólares. Fue uno de los matrimonios
más extraños de Italia.
Ha tenido muchos matrimonios extraños en esta vida. A una novia
que estaba en Baltimore, Estados Unidos, y a su novio que estaba en Arabia
Saudita, los casó un ministro que se hallaba en Londres, Inglaterra.
Lo hizo todo por teléfono. Una pareja de paracaidistas se casó
mientras descendían en paracaídas desde tres mil metros de
altura. Parejas de buzos se han casado en el fondo del mar. Domadores de
fieras se han caso en una jaula de tigres. Jóvenes se han casado
teniendo serpientes enroscadas en el cuello.
Estas son excentricidades, rarezas de gentes que gustan de cosas insólitas.
La verdad es que la forma o el lugar donde uno se casa no es lo que determina
su felicidad. Qué es entonces lo que asegura el éxito, tanto
en armonía como en largos años de vida, de un matrimonio?
Todo matrimonio que espera ser feliz durante muchos años, tiene
que comenzar con amor puro, amor que va más allá de una atracción
sexual, amor de alma, amor de corazón, amor que no puede ser movido
por ninguna ráfaga de viento emocional.
Un matrimonio que espera ser feliz debe tener respeto mutuo, amistad
sincera y fidelidad absoluta. El ser humano con su egoísmo y su obstinación
ha echado a perder el plan divino para su vida. Pero todo matrimonio que
se encuentre en naufragio puede ser rescatado.
Hagamos de Jesucristo el Señor de nuestra vida. Permitamos que
él domine nuestra voluntad. Así habrá armonía,
felicidad y permanencia en nuestro matrimonio.


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