No hay nada más patético que un hombre que libera su ira con personas que no tienen nada que ver con la fuente de su estrés.
Este escenario se repite en muchos hogares panameños: un hombre que llega de su trabajo molesto por peleas con sus compañeros o regaños de parte de sus superiores, llega a la casa y se descarga en agresiones verbales y/o físicas con su propia familia.
Si de salida es censurable que se maltrate al cónyuge y a los hijos por peleas o diferencias con ellos, ¿cómo queda alguien que los agrede sin que le hayan dado una razón?
Cuando nos referimos a que "me descargo con inocentes", hablamos de personas que en vez de enfrentar las situaciones que lo molestan o lo irritan, decide huir de ellas y desatar toda su frustración en personas que sabe no podrán hacerle frente.
Son demasiado cobardes para enfrentarse de tú a tú con alguien que los invite a pelear en la calle, o a reclamar a un jefe por algo que considere una injusticia. Pero como la mujer y los hijos pequeños no están en capacidad de enfrentárseles, se convierten en víctimas fáciles para desatarse, usando la vía de la menor resistencia.
Mientras unos lo hacen con sus familias, otros lo hacen con sus subalternos. Si el de arriba los insulta, él pasa la grosería hacia abajo, independientemente de que ninguno de los empleados a su cargo tuvo responsabilidad alguna.
En vez de trasladar las frustraciones hacia otros, lo que realmente nos quita el estrés es darle la cara a los problemas, enfrentar directamente a quienes nos agreden, y devolverle los "favores" a quienes quiren sacar ventaja de nosotros.
Así, cuando lleguemos a nuestro hogar, nos sentiremos tranquilos, calmados y con la conciencia tranquila. Nuestra familia no se merece que los hagamos pagar por las faltas que nos hacen allá afuera.