 |
Doña Fermina Sánchez dignamente enarbola sus 102 años.  |
Han escuchado alguna vez aquella frase que dice: "de los disparates de juventud, lo que da más pena no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos". Pues pareciera que esa frase es cierta. Luego de un recorrido en lancha desde la ciudad de Panamá hasta la reconocida Isla de las Flores, Taboga, atravesamos el pueblo rincón por rincón, buscando a Fermina. Una mujer a quien todo el pueblo conoce por el sazón de sus manos.
Así fue, caminamos como 15 minutos desde el hotel principal de la isla hasta la casa de la señora Fermina. Antes de llegar pasamos por una pequeña vereda, en donde no se escucha ni los ruidos de los insectos, justo al final, divisamos una casa que, por su condición, supimos tenía muchos años de construcción.
Buenas tardes, fueron nuestras palabras. Pase adelante, se escucho al fondo. Era una voz tenue como la de una señora de edad avanzada. No nos equivocamos, allí justo allí, sentada en una mecedora se encontraba Fermina, una mujer que por las arrugas de su rostro identificaba su edad, pero no su espíritu. Quien con una frase nos lo reveló. Siga niña, dijo, está en su casa, siéntese aquí a mi lado. Luego de presentarnos le pregunté: ¿Cuál es su nombre? Fermina Sánchez, dijo con voz fuerte. "Sí, tengo 102 años y no es mucho", manifestó.
¿CUÁL ES LA RECETA PARA LLEGAR A LOS 102 AÑOS?
Así empezó la historia. "Niña, no hay nada mejor que comer tortillas, chicheme, frutos del país y nada de comida falsa", expresó. Además, "aquí no hay contaminación ni maleantes". La anciana continuó; "fui una mujer de lucha, engendre 12 hijos en 11 partos, tuve un par de mellizos". Explicó que a sus 102 años, todavía puede hacer muchas cosas, sobre todo, ayudar a su hijo de 75 años, quien es invidente.
LA HISTORIA DE FERMINA
Nació en la provincia de Chiriquí, en Horconcitos, donde vivió por 22 años. Luego de allí se traslado hasta la isla de Taboga, donde vive actualmente con varios de sus hijos. Con una mirada un tanto perdida, nos mencionó que recuerda cómo era Taboga cuando llegó allí, supuestamente encantada, pero tan diferente a la actual de hoy que está rodeada de parques, casas modernas, restaurantes y hoteles.
Interrumpimos su cuento para preguntarle sobre las supuestas brujas que dicen hay muchas allí. Al paso respondió: "Niña, yo no sé nada, pero estoy segura que si alguien quiere hacerle daño a otro, lo logra". "Yo siempre he dicho que caras vemos corazones no sabemos". Prosiguió: "Mi meta principal en la vida es trabajar. Haciendo empanadas, tortillas, tamales, en fin, todo lo que es maíz. Con eso me mantuve y a mis hijos".
"Me casé dos veces", mencionó. "Con uno duré 10 años y con el otro el resto de mi vida, hasta que falleció y me dejó esta casita". "Sabe doña", me dijo casi gritando, "yo viajo muy seguido a la ciudad, porque allá esta mi doctor, pero adoro Taboga, porque la ciudad de Panamá está llena de ladrones y matones".
¿QUIÉN PUEDE LEER Y VER A LOS 102 AÑOS?
En sus piernas cuando llegamos reposaban varias revistas que nos hicieron preguntarle si todavía veía bien. Claro que sí, respondió. Tomo una de las revistas y con voz temblorosa nos leyó el primer párrafo de un artículo.
"Puedo ver las letras, pero mi mente no está para interpretar lo que quieren decir allí". De su tiempo libre, aseguró, no le gusta nada, "Estoy mal, porque ya no trabajo, lo único que me queda es disfrutar de mi mecedora. La mayoría del tiempo la pasó en el subir y bajar de la mecedora", agregó.
¿QUÉ ES LO QUE MÁS RECUERDA DE SU INFANCIA?
Cuando le hicimos esta pregunta su mirada se traslado como a un vacío. "El momento que más recuerdo de mi infancia es la muerte de mi madre. Me enviaron a buscar una vela bendita lejos, a donde mi tía y fui corriendo, tan fuerte y llorando, hasta que la conseguí, sabe, tenía sólo seis años". De la historia de Panamá dijo que no recuerda mucho, pero asegura que le gustaba más cuando los norteamericanos estaban aquí.
Le comentamos si le gustaba el concurso de Abuelita Centenaria que está próximo a realizarse, manifestó que es un sueño lejano para ella participar. "Bueno, yo le diría a la juventud que se porte bien, no les doy muchos consejos a mis nietos y otros jóvenes de aquí porque se ponen bravos, son amargos, no viven la felicidad como yo la vivía antes", concluyó. |