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EDITORIAL
Primarias opcionales
Los partidos políticos no han entendido la necesidad de democratizar sus instancias. A pesar de que cada cierto tiempo se desarrollan elecciones internas para renovar sus cúpulas, los resultados se anticipan, porque la disidencia o no es permitida o es perseguida.
Por eso ha nadie sonroja que los dos grandes colectivos del país: el PRD y el Arnulfismo tengan una especie de acuerdo tácito para establecer como discrecional la celebración de primarias para escoger a las figuras que serán candidatos a presidente, legisladores, alcaldes y representantes en los comicios del 2004.
Ha sorprendido, la actitud pasiva de la dirigencia perredista frente a la propuesta del gobierno arnulfista para que las primarias en vez de obligatorias, sean algo opcional, que decidan los partidos, según la conveniencia del momento.
Si bien es cierto que el desarrollo de primarias genera gastos a los partidos, también es una realidad que las fuerzas políticas reconocidas por el Tribunal Electoral reciben subsidios superiores a los 15 millones de balboas, para cubrir gran parte de los egresos que originan esos ejercicios democráticos.
Resulta increíble que el PRD, cuya dirigencia introdujo la obligatoriedad de las primarias para la campaña de 1999, ahora mantenga una posición timorata y hasta endose la propuesta del oficialismo.
Nadie duda que ese pacto electoral PRD-Arnulfismo busca neutralizar la candidatura del banquero Alberto Vallarino. La cúpula del Partido Arnulfista no quiere que el banquero que desconoció los resultados de unas primarias, pueda lograr apoyo de las bases del colectivo y alzarse con la candidatura de ese colectivo.
Al PRD le favorece dividir a las fuerzas que lo adversan, para así asegurar un triunfo en las elecciones del 2004, tal como ocurrió en 1994. Con Vallarino de candidato por los partidos pequeños y el Arnulfismo con otro abanderado, el triunfo de Martín Torrijos es más factible.
Para nadie es un secreto que dentro de la propuesta de las primarias opcionales, hay un gran cálculo político, donde se deja un lado algo muy importante: promover la democratización de los partidos a través de la participación de las bases.
Nuestros políticos no aprenden y por más que se intente vender la idea del nuevo liderazgo y la necesidad de una nueva clase de dirigentes, al final, por omisión o comisión, caen en los mismos vicios de los políticos tradicionales. Esta gente es incorregible.
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PUNTO CRITICO |
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