|
Gracias te doy Dios mío, por haber dispuesto para mí una manera de ganarme la vida donde no dependa del gobierno de turno. De esta manera no tengo que estar temblando cada cinco años, temiendo que cambie el gobierno y me boten del empleo. Gracias te doy Dios mío, por haberme metido en la cabeza que debí estudiar, cuando las tentaciones de la juventud conspiraban contra eso y querían convertirme en un juerguista. Así pude obtener mis diplomas y encararme a la vida profesional de manera efectiva, sin necesitar de "palancas" ni vender mi alma a cualquier politiquero del patio.
Gracias te doy Dios mío, por hacerme con un carácter fuerte y una alta autoestima, para que quisiera ser siempre mejor y destacarme en lo que hago. Por eso he logrado escalar con esfuerzo todas las posiciones dentro de mi trabajo de profesor universitario y el periodismo, con la cara en alto y la conciencia tranquila, ya que lo hice por mí mismo y no por influencias.
Gracias te doy Dios mío, por abrirme los ojos cuando era joven y darme cuenta que los politiqueros panameños eran unos chanchulleros en muchos casos. Es por esa razón que nunca entré a ningún partido político, y no tuve que mentir ni actuar en contra de mi manera de pensar, para conseguir cosas. Gracias te doy Dios mío, por haber dispuesto que no tenga como jefa a una persona que carece del nivel de instrucción adecuado, pero que llegó a ese cargo por politiquería y maniobras con las cuales no siempre estaría de acuerdo.
Gracias te doy Dios mío, por hacerme vivir en una familia que me inculcó valores cívicos y morales, como la honradez, el trabajo, la verdad y la rectitud. De esta manera pude formar mi personalidad dirigida a querer los mejores días para mi Patria, y luchar por conseguir este anhelo.
Gracias te doy Dios mío, por alejarme de los "matraqueros" politiqueros, que aunque puedan llenar de plata a algunos avivatos, no siempre son honestos ni ejemplares. Así me librastes de tener que "cepillar" a politiqueros con poco seso y muchas mañas, lo que no hubiera podido hacer dado ese carácter fuerte que me distes. Gracias te doy Dios mío, por permitir que luego de más de sesenta años pueda seguir viviendo con los ideales que dispusiste para mí.
No hay mayor satisfacción que darme cuenta que aunque las canas "son sabiduría", como decían las viejas de Santo Domingo, en Los Santos, todavía tengo el alma joven en lo que se refiere a querer mejorar al mundo. Gracias te doy Dios mío, por permitir que tenga esta columna (escritos), donde miles de panameños de todo los niveles sociales leen mis ideas. En realidad Dios mío, no puedo quejarme por el destino que me señalaste. |