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Si bien es cierto que el transporte colectivo en el país es poco menos que pésimo -en el ámbito económico y social, primordialmente- también es una verdad de a puño que los usuarios de estos buses no los cuidan, les dañan los asientos, deterioran el vehículo cada vez que pueden, etc.
Los pasajeros están obligados -por puro carácter cívico- a cuidar los bienes comunales, y mal que bien los llamados "diablos rojos" son un bien colectivo. Aunque estén en manos de particulares, los buses están en las calles para servir a todos los ciudadanos y sus hijos, y no está bien que se destruyan.
Particularmente los estudiantes se han encargado de hacer añicos muchos interiores de los buses, lo que desdice de la calidad humana de todos nosotros. Entendamos que si no cuidamos estos vehículos, el servicio será peor de lo que ya es, y peor aún seremos nosotros mismos los perjudicados.
Y el ejemplo de los buses, que es patético, tiene el mismo valor para todos los otros bienes públicos en las ciudades, y que corren la misma suerte: las bancas de los parques, los baños, los semáforos, las luminarias, los letreros, las fuentes de agua, los teléfonos públicos, etc. El panameño debe aprender a cuidar lo que es de todos, porque desatendiendo este mandato, le hacemos daño a nuestros propios hijos. |