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EDITORIAL
Llegó diciembre
Un año difícil. Empezamos el 2002 con una sacudida política fulminante, cuando en la Asamblea Legislativa, al mejor estilo de los años primeros de la república, cuando se escogía a la gente por sus contactos familiares y de partido, y no porque se hubiesen impuesto en un concurso de méritos, la clase política escogió como Magistrados de la Corte a dos reconocidos partidistas, sin los antecedentes ni la hoja de vida que exige la administración de justicia moderna. Este hecho funesto desató una tormenta que todavía no pasa, y le dio plenos poderes a uno solo de los grupos que se disputan la conducción de la cosa pública.
Pero ahí no acabó todo: la consecuencia inmediata de esa elección de magistrados provocó la ruptura del endeble opositor Partido Revolucionario Democrático, e hizo que uno de sus cuadros revelara una red de sobornos y chanchullos que hacen fluir cientos de miles de dólares en la Asamblea Legislativa.
Y por esos trillos fueron viendo la luz muchos otros escándalos, distintos y más estruendosos que los que habían salido a flote en los años anteriores. Como siempre, de ninguno de ellos se conoció episodio final y, peor aún, dejaron en el ánimo de los panameños una sensación de que en este país la justicia no vale.
En ese marco de inestabilidad -cuya génesis está en la estructura misma del poder, y no en fuentes exógenas- la economía nacional fue lacerada y vio cómo los llamados a fomentar el ambiente idóneo para que floreciera, hicieron hasta lo imposible para que ocurriera todo lo contrario. Ayudados, claro está, por empresarios corruptos que destruyeron sus compañías, o se vieron envueltos en no menos fatales escándalos de corrupción.
Esta es la situación con la que los panameños llegamos al último mes del año. Lo pasado ya es pasado. Sólo nos queda mirar hacia delante, y diseñar nuestras estrategias particulares para sobrevivir. Si esperamos que alguien fuera de nuestras casas haga algo para que las cosas mejoren, nos cansaremos en la vigilia. Nos corresponde a cada familia e individuo mirar hacia el futuro con optimismo, y tomar las decisiones necesarias que nos procuren estabilidad y seguridad a cada cual. Siempre sin dañar a nadie.
En estas fiestas se ha de imponer la cordura y el buen juicio. Pensar que estamos en tiempos normales de escasez, y no en un bajón universal y doloroso, nos puede traer delicadas consecuencias. Tal vez irreparables.
Nos queda la opción de la conquista personal, preparándonos con valentía ante los años por venir, y pensando que de las cosas que están pasando en el resbaloso ámbito de la política, todos somos un poco responsables. Por nuestras equivocadas opciones. Por nuestra indiferencia.
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PUNTO CRITICO |
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